Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te amezco en cada sombra que me falta,
en el eco de tu nombre que nunca
rebota en las paredes de mi casa vacía.
Te amezco con las manos abiertas,
esperando el tacto que ya no llega,
el roce fantasma de tus dedos que duermen
en otro cuerpo, en otra piel, en otra cama.
Amezco la ausencia de tu risa,
el vacío de tus palabras,
las horas interminables donde tu voz
era la única melodía que escuchaba el silencio.
Y amezco también el dolor que dejas,
ese hueco profundo que me devora,
que me arranca pedazos de alma
cada vez que respiro tu ausencia.
Amezco, porque no sé desamarte,
porque el olvido no me toma de la mano
y me arrastra, porque prefiero este tormento
a la nada que me ofrecería el no haberte amado.
Amezco, aunque duela, aunque arda,
aunque cada noche sea un recordatorio
de que ya no estás, de que te has ido.
Amezco, sin remedio, sin pausa,
sin tregua, porque amarte es mi condena,
y amezco, porque en este dolor,
todavía te siento mía.
en el eco de tu nombre que nunca
rebota en las paredes de mi casa vacía.
Te amezco con las manos abiertas,
esperando el tacto que ya no llega,
el roce fantasma de tus dedos que duermen
en otro cuerpo, en otra piel, en otra cama.
Amezco la ausencia de tu risa,
el vacío de tus palabras,
las horas interminables donde tu voz
era la única melodía que escuchaba el silencio.
Y amezco también el dolor que dejas,
ese hueco profundo que me devora,
que me arranca pedazos de alma
cada vez que respiro tu ausencia.
Amezco, porque no sé desamarte,
porque el olvido no me toma de la mano
y me arrastra, porque prefiero este tormento
a la nada que me ofrecería el no haberte amado.
Amezco, aunque duela, aunque arda,
aunque cada noche sea un recordatorio
de que ya no estás, de que te has ido.
Amezco, sin remedio, sin pausa,
sin tregua, porque amarte es mi condena,
y amezco, porque en este dolor,
todavía te siento mía.