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Poeta recién llegado
Éste es un poema que se había extraviado y que apareció en un trastero. Lo escribiría sobre 1982...un poema de adolescencia. Y está dedicado a mi gran amigo Carlos Cardona. Ahí va.
Amigo, hemos pasado ya del tiempo
del niño azul que tal vez aún buscamos
detrás de los espejos.
Sabes, como yo,
lo honda que es la sangre,
lo triste que es sentirse a veces
forastero de tu propia tierra,
lo alta que puede estar
una cama por la mañana.
Cómo yo conoces la soledad del alma
que traspasa las multitudes como una voz,
que reflejada por el eco
penetra de nuevo en la garganta,
en un olvido de mi mismo
sólo a veces olvidada.
Pero tendida, como una mano agarrotada,
cuidadosamente mantenida
más allá de la última entraña,
permanece la esperanza de unos hombres a quien amar,
de unos labios abiertos y profundos,
de un dios absurdo y deseable.
Amigo, hemos pasado ya del tiempo
del niño azul que tal vez aún buscamos
detrás de los espejos.
Sabes, como yo,
lo honda que es la sangre,
lo triste que es sentirse a veces
forastero de tu propia tierra,
lo alta que puede estar
una cama por la mañana.
Cómo yo conoces la soledad del alma
que traspasa las multitudes como una voz,
que reflejada por el eco
penetra de nuevo en la garganta,
en un olvido de mi mismo
sólo a veces olvidada.
Pero tendida, como una mano agarrotada,
cuidadosamente mantenida
más allá de la última entraña,
permanece la esperanza de unos hombres a quien amar,
de unos labios abiertos y profundos,
de un dios absurdo y deseable.
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