Amor distinto, perfecto e imposible

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Las cosas se venían tambaleando. ¿Todo el mundo quiere lo mismo del amor? ¿Cómo hacen para tener amor quienes carecen de lo que todos, todas quieren? ¿Por qué no pueden ser posibles los amores diferentes?

Ella quería en términos de “sí y solo sí” lo de siempre: la exclusiva, la casa, un perro o gato; tal vez un perico -no sé ni importa ya- un trabajo, los niños y las niñas, la salida al parque los domingos y el rutinario sexo por las noches a las diez en punto tres o veinte veces por semana. Él no tenía eso.

Tampoco lo quería él así exactamente. Tenía decisiones viejas en sus manos que amasaba porque era un orfebre de sueños y de hechos. Habíase pasado largos años construyendo, un ladrillo antier, otro ayer, a veces una semana o dos para un solo ladrillo, o un mes para. Levantando de a muy poco. Como podía según sus fuerzas, su imaginación y la oposición que consiguiese.

Ya había tenido la casa, el gato, el perico, el parque los domingos y el sexo de las diez en punto. Estaba hastiado, semimuerto y pestilente; las aves de carroña danzaban en círculos a su alrededor, vuelo bajo, apuntando dónde morder primero. Ella… Ella tenía ojos de horizonte lejano y caderas de hembra. Y risa de jardín. Cantaba con hermosa voz, escribía poesía. Le mandaba melodías con sonrisas y a él la vida, por instantes, se le volvía deseable de nuevo.

Él llegó a imaginarse que por una vez sí se podría; que la vida haría una excepción y le dispensaría de lo habitual. Con suerte, una ocasión u otra, además de las canciones y las palabras lejanas reunirse en algún sitio para desgastarse a besos, para celebrar al inefable amor, fundirse. Repetir en términos de carne y verso la antigua historia de la fertilidad. Recargar con placer las alegrías.

Para serse mutuamente en las horas del silencio. Para vivir solo por y en la esperanza de otro encuentro. No tener rutinas, soledades, miserias personales, sino un amor distinto y pleno. Saberse orgullosos de pertenecerse para siempre sin importar las condiciones ni los tiempos… ser perfectos.

Pero no se pudo. Todo fue un fiasco. “No existe ese tipo de amores” dirán algunos, algunas. Quizás tengan razón. Para ella, él terminó siendo un cobarde abominable. Pare él, ella es dolor, verso y ausencia.



Septiembre y aridez en medio de la lluvia – 2014. César Guevara


NB: ...Y ambos, por separado, siguen esperando.


 
Última edición:
Esta prosa es esplendida............hay una impersonalidad en las palabras que denotan esa ironía y esa sensación de imposibilidad para las cosas, incluso, una larga y aburrida vida de cotidianidad enemiga de las emociones que acribillan la mente y el alma por ser siempre lo mismo que se espera y que ya por las costimbre se desintegra. Ciertamente, cuando ya no hay emoción en la vida....................las ganas se pierden..........se muere lentamente el amor...........por ello, creo que este tema es muy bello.............sí............la verdad desde lo impersonal...............bien hecho.......mi señor César.......usted perdone los horrores de mis comentarios..............la verdad es que no sé cómo comentar...........en todo caso......perdone usted...........................un beso muy lindo.............Clari
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba