Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arrebolo tu rostro blanquecino
con caricia foránea y extranjera,
me abrazo; muy valiente, hacia la vera
de tu cuerpo solemne y concubino.
Un gesto vago, arisco, y asesino,
destroza mi interés y mi premura;
por eso intento asirme a la escultura
que yace adormilada en tu destino.
Asumo que este amor; que me encamino,
no tiene otro final que un desenlace
adusto, prepotente, un tanto esquivo.
Por eso ya no espero que mi sino
me done; de tu boca, otro enlace
que el beso amargo del cual hoy me privo.
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con caricia foránea y extranjera,
me abrazo; muy valiente, hacia la vera
de tu cuerpo solemne y concubino.
Un gesto vago, arisco, y asesino,
destroza mi interés y mi premura;
por eso intento asirme a la escultura
que yace adormilada en tu destino.
Asumo que este amor; que me encamino,
no tiene otro final que un desenlace
adusto, prepotente, un tanto esquivo.
Por eso ya no espero que mi sino
me done; de tu boca, otro enlace
que el beso amargo del cual hoy me privo.
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