Tus besos de gris alborada se posan mansos sobre mi alma ardiente de librepensador.Pero,en lo profundo se transforman en noche de sangre de redentor.Cada vez que me acaricias,temblorosa,con esa mano de pétalos de rosa,mi corazón se conmueve ante el vano sufrimiento que emana de tus nervios a flor de piel.Por eso te susurro débil pero musicalmente que me ames desde la distancia infinita de dos espíritus gemelos;dispuestos a reencontrarse y fundirse en una galopada descomunal.Y tú,pensativa,remueves la cadencia sincera de tus sílabas,que han de penetrar como agua helada en mis oídos de joven ardiente.¡Oh!admirada mujer coronada con estrellas de impasible luz,pulverízame con tu pasión desbocada.Pues si no lo hicieses,herirías mi orgullo de abierta cicatriz aún sin supurar.