Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Cuerpo de nubarrones, invisible es tu rostro,
con ese sol que llevas en tu vientre,
arreboles sumerges en piscinas acústicas,
como un rey esculpido por tinieblas,
el contraste que alumbra el negativo,
la foto que borré con profilácticos,
gomas en subterfugio que rompen tus membranas,
virus con retroceso, tiro al blanco,
y en esa justa imagen que nutre los abismos, donde no se distingue un poema,
sobreviví con tu justa medida, que es la nada.
Llenarme ya no es fácil -Decidiste, olvidaste, con tus urnas, vitrinas, húmedas y mohosas, el silencio.
Y otra vez la palabra sin credibilidad asalta mi cerebro.
Sin dudas, mi poesía pedía tu cabeza. Como si un ballenato naciera bajo tierra,
he escondido mis cartas. Esa fase de síndromes, síntomas de psicópata,
despuntan sobre el cielo, porque su transparencia lo permite.
Esa línea impide dibujarlo, contemplar las ventanas que corren tras el viento.-.
Y el fenómeno, accidental o no, me instruye en las cloacas que cosen lo infinito
a la anaconda que abraza tempestades,
y dentro de ese vínculo, hay un tsunami estático,
dentro de la tormenta, que escayola mi cráneo
-Su deferencia arenga a las masas en un grito al espejo,
donde el prisma genera dos realidades opuestas.
Es el plano del cementerio oculto.
Roces en el papel que mueren en altares.-.
"¿Qué diferencia hay entre el conocimiento,
y que a los diferentes nos tiemblen los cimientos?"
"La voz, al fin y al cabo, supera la ilusión,
pero el desierto es sabio -Bolsas y ojeras-,
y llenarlo de besos es más difícil que chillar en un vaso."