BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando el mundo es tan amplio
y las aceras se llenan de sopor marítimo
y no alcanzan las costas a dilatar
su áspero territorio, y no se conservan
más que parques públicos en las pedanías
soslayadas, y no se originan ni el fuego
ni el helecho húmedo, qué queda? A qué
me debo? Es entonces que miro y observo
lo declinado de la hoja; el azote riguroso
del viento; el aire asomarse por los vestigios,
las ruinas de mi cementerio. Y olvido
por instantes, por momentos, que el mundo
es uno, y único-.
©
y las aceras se llenan de sopor marítimo
y no alcanzan las costas a dilatar
su áspero territorio, y no se conservan
más que parques públicos en las pedanías
soslayadas, y no se originan ni el fuego
ni el helecho húmedo, qué queda? A qué
me debo? Es entonces que miro y observo
lo declinado de la hoja; el azote riguroso
del viento; el aire asomarse por los vestigios,
las ruinas de mi cementerio. Y olvido
por instantes, por momentos, que el mundo
es uno, y único-.
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