Ángel.
En sus huellas, camuflado,
el camino de eternidad.
Queman los blancos bordados,
de la limpia prenda de Adán.
A mantas de humilde trapo,
está escondiendo vino y pan.
Entre el abrigo y sus lazos,
enraizado en su frutal.
Camina su verde prado,
el umbrío suelo en sal.
Y otro ángel caminante,
del cielo cae al mar.
De un desliz tan irritado,
que intentó el suelo ahogar.
Y ahora llueve el pecado,
¡en la tierra que ahora es mar!
Un hermano salvado,
que ahora ha de salvar.
Huye, huye cristiano.
En tu arca, tu acal.
Y ahora tierra ha tocado,
¡ves el sol y ves la vida!
Si aquí ya no vagan nubes,
que tapen la luz del día.
¿Qué te ha pasado ángel,
en tal agobiante huida?
Hijo, naciste en alambrados,
y tras ellos, mil cortinas.
Si de tan oscuro cuerpo,
se ve una sombra perdida.
De aquellos que la vieron,
y su fe, ahora es su vida.
Hijo, el cielo cura,
de lo que el mundo castiga.
Y el mundo es cielo,
cuando nunca hubo herida.
¿Qué es aquí, ángel?
¿Y que es allá? Dirías.
Un mismo árbol,
una misma fila.
Si un ángel aprovecha,
lo que el otro descuida.
De un mismo árbol,
junta las ramas partidas.
Y aún quiere curarlo,
con la fruta caída.
Las raíces viejas,
y las hojas abatidas.
De tanto tiempo,
tanto ego y tanta risa.
Y ahora tienes hambre,
por tu copa ya vacía.
No esperas el zarpazo
de esa mueca enfurecida.
Y sangras de a pedazos,
la manzana en tu mordida.
En sus huellas, camuflado,
el camino de eternidad.
Queman los blancos bordados,
de la limpia prenda de Adán.
A mantas de humilde trapo,
está escondiendo vino y pan.
Entre el abrigo y sus lazos,
enraizado en su frutal.
Camina su verde prado,
el umbrío suelo en sal.
Y otro ángel caminante,
del cielo cae al mar.
De un desliz tan irritado,
que intentó el suelo ahogar.
Y ahora llueve el pecado,
¡en la tierra que ahora es mar!
Un hermano salvado,
que ahora ha de salvar.
Huye, huye cristiano.
En tu arca, tu acal.
Y ahora tierra ha tocado,
¡ves el sol y ves la vida!
Si aquí ya no vagan nubes,
que tapen la luz del día.
¿Qué te ha pasado ángel,
en tal agobiante huida?
Hijo, naciste en alambrados,
y tras ellos, mil cortinas.
Si de tan oscuro cuerpo,
se ve una sombra perdida.
De aquellos que la vieron,
y su fe, ahora es su vida.
Hijo, el cielo cura,
de lo que el mundo castiga.
Y el mundo es cielo,
cuando nunca hubo herida.
¿Qué es aquí, ángel?
¿Y que es allá? Dirías.
Un mismo árbol,
una misma fila.
Si un ángel aprovecha,
lo que el otro descuida.
De un mismo árbol,
junta las ramas partidas.
Y aún quiere curarlo,
con la fruta caída.
Las raíces viejas,
y las hojas abatidas.
De tanto tiempo,
tanto ego y tanta risa.
Y ahora tienes hambre,
por tu copa ya vacía.
No esperas el zarpazo
de esa mueca enfurecida.
Y sangras de a pedazos,
la manzana en tu mordida.