BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Son días celestes.
En que cada materia vigente,
hunde, quedamente, su raíz
en la tierra. Estelas ausentes,
revisten de gravedad la niebla
de los bosques, y se presiente
un azul rectilíneo por toda senda
indestructible. Vagamos por el mundo,
como carne indemne, y nos ocultamos
la cara, los labios, por miedo
a reconocernos: vemos el sol,
como quien viera los atardeceres.
En la ceniza de los palacios, crece
la enredadera sutil de los hemisferios
divididos. Cruenta, la batalla se presenta.
Crujen, bajo mis pies, los anocheceres.
©
En que cada materia vigente,
hunde, quedamente, su raíz
en la tierra. Estelas ausentes,
revisten de gravedad la niebla
de los bosques, y se presiente
un azul rectilíneo por toda senda
indestructible. Vagamos por el mundo,
como carne indemne, y nos ocultamos
la cara, los labios, por miedo
a reconocernos: vemos el sol,
como quien viera los atardeceres.
En la ceniza de los palacios, crece
la enredadera sutil de los hemisferios
divididos. Cruenta, la batalla se presenta.
Crujen, bajo mis pies, los anocheceres.
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