BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De esta belleza distante
en que quiebro óxidos lánguidos,
y culmino mi espacio devorándolo
con cruentos gritos que el aire aniquila,
tras un beso largo, que excita la boca
y renace en miedo y deplorable estado.
Entre estas algas pusilánimes, de estricta
observancia natural, de pliegues ventriculares,
de anestesias múltiples, finjo, oculto
saciar mis párpados con la llovizna fina,
de tus áureos senos empapados y trágicos.
Oh, mayúscula pretensión risible, ya tu pecho
flamea como una cúspide de ondulaciones asediadas:
maravilla del quinto mundo, donde, entre estalactitas
y bosques acosados, renuevo partituras que gastan
la efigie de tus símbolos.
De esta belleza insondable, apenas pescador,
apenas sangrador beligerante, transijo con la cuerda
que arremolina un vetusto verdugo ignorante.
Descifro impecable la salud del viento, soy
eterna melodía siempre inacabable, y en rumores
atrabiliarios, y formas secretas del olvido, me olvido,
de mí y de quien alguna vez he sido.
©
en que quiebro óxidos lánguidos,
y culmino mi espacio devorándolo
con cruentos gritos que el aire aniquila,
tras un beso largo, que excita la boca
y renace en miedo y deplorable estado.
Entre estas algas pusilánimes, de estricta
observancia natural, de pliegues ventriculares,
de anestesias múltiples, finjo, oculto
saciar mis párpados con la llovizna fina,
de tus áureos senos empapados y trágicos.
Oh, mayúscula pretensión risible, ya tu pecho
flamea como una cúspide de ondulaciones asediadas:
maravilla del quinto mundo, donde, entre estalactitas
y bosques acosados, renuevo partituras que gastan
la efigie de tus símbolos.
De esta belleza insondable, apenas pescador,
apenas sangrador beligerante, transijo con la cuerda
que arremolina un vetusto verdugo ignorante.
Descifro impecable la salud del viento, soy
eterna melodía siempre inacabable, y en rumores
atrabiliarios, y formas secretas del olvido, me olvido,
de mí y de quien alguna vez he sido.
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