Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
Apocalipsis
Al borde de mi precipicio interior,
trastabillé con pie izquierdo y caí;
soporte el golpe en avalancha de mis emociones carcomidas,
silencios se enredaban en besos grises por todas mis células
experimentando estaba duelos míos, ajenos y otros más…
Escuchando atenta, retumbaban fieros reproches;
cimbrando mi esencia y quebré en llanto ahogado,
desmoronado estaba todo en mí…
No se escuchaban trompetas anunciando nuevas,
por lo contrario, orificios pútridos se abrían ante mí,
a cuarenta y nueve no llegarían los jinetes
que cabalgarían sobre mi alfombra de miedos,
pues desde mis cuatro costados
recorriéndome estaban catastróficas cascadas
agua impura me arrastro hasta convertirme en copa volcada.
Sin misericordia con daga afilada,
de norte a sur, de corona a migajas, abrí mis venas,
creando vertientes que destilaran tantos odios y pesares,
después grite:
“¡No me miras! Estoy de hinojos ante ti “
-uno apenas y me vio -
Implorando en gritos dije:
“Rompe siete sellos de un tirón, ¡no soporto!”
Apocalipsis cataclismico a mi interior sacudió con furia;
después, explosión, cardos extraídos, lloros, gélido frio y volví.
Ya no temo, veo la luz,
desde dentro he luchado como Rey de Oriente.
Vencí con él así, descalza, desnuda y emergí,
de nueva cuenta desde hoy
uno es en mí y viceversa.
Al borde de mi precipicio interior,
trastabillé con pie izquierdo y caí;
soporte el golpe en avalancha de mis emociones carcomidas,
silencios se enredaban en besos grises por todas mis células
experimentando estaba duelos míos, ajenos y otros más…
Escuchando atenta, retumbaban fieros reproches;
cimbrando mi esencia y quebré en llanto ahogado,
desmoronado estaba todo en mí…
No se escuchaban trompetas anunciando nuevas,
por lo contrario, orificios pútridos se abrían ante mí,
a cuarenta y nueve no llegarían los jinetes
que cabalgarían sobre mi alfombra de miedos,
pues desde mis cuatro costados
recorriéndome estaban catastróficas cascadas
agua impura me arrastro hasta convertirme en copa volcada.
Sin misericordia con daga afilada,
de norte a sur, de corona a migajas, abrí mis venas,
creando vertientes que destilaran tantos odios y pesares,
después grite:
“¡No me miras! Estoy de hinojos ante ti “
-uno apenas y me vio -
Implorando en gritos dije:
“Rompe siete sellos de un tirón, ¡no soporto!”
Apocalipsis cataclismico a mi interior sacudió con furia;
después, explosión, cardos extraídos, lloros, gélido frio y volví.
Ya no temo, veo la luz,
desde dentro he luchado como Rey de Oriente.
Vencí con él así, descalza, desnuda y emergí,
de nueva cuenta desde hoy
uno es en mí y viceversa.
Mary C. López
26.07.2012/Méx/18:14 p.m
*Experimentando.
26.07.2012/Méx/18:14 p.m
*Experimentando.
Última edición: