Novalistian
Poeta recién llegado
Pobre de mí, traicionarme a mí mismo,
dar sepultura a mi racionalidad,
taparme los ojos ante la verdad,
dejarme alienar por un espejismo.
Rechazar del todo el escepticismo,
mostrar un ego que no es mi realidad,
las supersticiones y la falsedad,
arrojarlas por un oscuro abismo.
Tu juicio y harmonía yo anhelaba,
todopoderoso como el dios Marte,
pero tu palabra ya no escuchaba.
¡Perdóname razón por traicionarte,
la desesperación me amenazaba,
yo jamás pensaba en abandonarte!
Me enseñaste las artes y las ciencias,
a sentirme afortunado por saber
que a ti, razón, nadie te podrá vencer,
virtuosa de la mente y la paciencia.
Hiciste mi niñez evanescencia,
dejar de escuchar lo que no hay que creer,
instruir en la hegemonía de entender,
no dejarse llevar por la inocencia.
Más poderosa de lo que pensaba
te veía cuando concluí olvidarte,
luz blanca del imperecedero alba.
¡Perdóname razón por traicionarte,
la desesperación me amenazaba,
yo jamás pensaba en abandonarte!
El Señor se rinde ante tu grandeza,
no son luz y oscuridad compatibles,
pues se habría logrado lo imposible,
unir fe y razón sería proeza.
La memoria es símbolo de flaqueza,
sólo estudian aquellos tan endebles
que no ven un saber apetecible
y pretenden con inopia la riqueza.
Reemplazada por hoy lo que quedaba,
siempre habrá como yo quien apreciarte,
¿cómo yo imaginar que peligrabas?
¡Perdóname razón por traicionarte,
la desesperación me amenazaba,
yo jamás pensaba en abandonarte!