rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
Deberíamos aprender más de los árboles
Y de las semillas que forman
extensos territorios de bosques,
Procurar el crecimiento interior
En vez de maestros que rondan
En laberintos enrejados como escuelas
Donde se privan los instintos naturales.
Deberíamos aprender de las sencillas gentes
Que pasan y un día de esos se desvanecen
Llevándose la historia, la que nunca se escribe,
Deberíamos fortalecer nuestros tesoros
De rama en rama para nido de los más débiles,
Deberíamos aprender de las raíces invisibles,
Del trabajo silencioso en vez de hacer alarde de acciones,
Deberíamos no perder de vista el viaje de los ríos
Cuya desembocadura final siempre es el mar.
Deberíamos aprender de los terremotos
Más que de los sismógrafos,
Y de los fracasos más que de éxitos volátiles,
De los derrumbes más que de ostentosas construcciones,
De lo que no se renueva en vez de lo que abunda,
Y de lo que otros carecen en vez de lo que nos falta.
Deberíamos ser más niños y menos serios consumidores,
Reírnos a carcajadas de nuestros insólitos caprichos,
Deberíamos aprender a respetarnos en vez de temernos,
Enarbolar más verdades que enredaderas de mentiras
Aunque alguien resulte herido o liberado,
Deberíamos aprender más de los cambios que estremecen,
De las catástrofes para quienes el mundo se termina,
Sin dejar de pretender proyectos duraderos.
Por cierto, no deberíamos olvidar la madre de nuestro origen,
Que nos legó en el tormento la materia de la cual fuimos hechos.
Nos iría mejor por la vida si fuésemos menos arrogantes,
Y más auténticos ciudadanos en vez de terminar desplomados
Encima de falsas corazas que acumulan confusiones.
Deberíamos ser más locos y traviesos, que cautelosos enemigos.
Sería reconfortante colgar la máscara de nuestras investiduras
Y dialogar cara a cara de lo que siempre se silencia por tabú,
Deberíamos desaprender lo que ya es tan sabido y cuestionar
Lo que se impone por decreto desde arriba para controlarnos
Deberíamos desentrañarnos de ser protagonistas de la vida
Aún cuando la rutina sea el paisaje frecuente donde transitamos.
Deberíamos revitalizar nuestros sueños antes de dormirnos.
Y de las semillas que forman
extensos territorios de bosques,
Procurar el crecimiento interior
En vez de maestros que rondan
En laberintos enrejados como escuelas
Donde se privan los instintos naturales.
Deberíamos aprender de las sencillas gentes
Que pasan y un día de esos se desvanecen
Llevándose la historia, la que nunca se escribe,
Deberíamos fortalecer nuestros tesoros
De rama en rama para nido de los más débiles,
Deberíamos aprender de las raíces invisibles,
Del trabajo silencioso en vez de hacer alarde de acciones,
Deberíamos no perder de vista el viaje de los ríos
Cuya desembocadura final siempre es el mar.
Deberíamos aprender de los terremotos
Más que de los sismógrafos,
Y de los fracasos más que de éxitos volátiles,
De los derrumbes más que de ostentosas construcciones,
De lo que no se renueva en vez de lo que abunda,
Y de lo que otros carecen en vez de lo que nos falta.
Deberíamos ser más niños y menos serios consumidores,
Reírnos a carcajadas de nuestros insólitos caprichos,
Deberíamos aprender a respetarnos en vez de temernos,
Enarbolar más verdades que enredaderas de mentiras
Aunque alguien resulte herido o liberado,
Deberíamos aprender más de los cambios que estremecen,
De las catástrofes para quienes el mundo se termina,
Sin dejar de pretender proyectos duraderos.
Por cierto, no deberíamos olvidar la madre de nuestro origen,
Que nos legó en el tormento la materia de la cual fuimos hechos.
Nos iría mejor por la vida si fuésemos menos arrogantes,
Y más auténticos ciudadanos en vez de terminar desplomados
Encima de falsas corazas que acumulan confusiones.
Deberíamos ser más locos y traviesos, que cautelosos enemigos.
Sería reconfortante colgar la máscara de nuestras investiduras
Y dialogar cara a cara de lo que siempre se silencia por tabú,
Deberíamos desaprender lo que ya es tan sabido y cuestionar
Lo que se impone por decreto desde arriba para controlarnos
Deberíamos desentrañarnos de ser protagonistas de la vida
Aún cuando la rutina sea el paisaje frecuente donde transitamos.
Deberíamos revitalizar nuestros sueños antes de dormirnos.