Belu
Padme
Aquel y no otro
es el amor,
es la vida con su impuro cortejo
abierta como un ramo para quebrantar mis párpados
con su tremendo rostro de palabras,
su ineludible resplandor y su fuerza
son en mí,
la vida misma
insondable como el vientre del mar.
A veces me visita su voz,
la imagen rescatada de su rostro
y como el susurro de la lluvia en la noche,
mis labios reviven la lenta quemadura
de aquella presencia de fuego que brillaba enseñándome sus ojos.
Sentirlo fue cómo apresar el cielo que se aleja en el tiempo transcurrido,
fue nombrarle: abismo
abriendo la dimensión de su ausencia
en la herida infinita del destierro.
Ésta es mi voz:
apenas un poema,
recíbelo en tus bosques
en tus madres de agua
en tus trincheras,
en la lumbre del mar de tus orillas,
en tu cálido pecho de colmena;
toma mi amor de pie,
que se levanta
desde el más hondo caldazo de pena.
es el amor,
es la vida con su impuro cortejo
abierta como un ramo para quebrantar mis párpados
con su tremendo rostro de palabras,
su ineludible resplandor y su fuerza
son en mí,
la vida misma
insondable como el vientre del mar.
A veces me visita su voz,
la imagen rescatada de su rostro
y como el susurro de la lluvia en la noche,
mis labios reviven la lenta quemadura
de aquella presencia de fuego que brillaba enseñándome sus ojos.
Sentirlo fue cómo apresar el cielo que se aleja en el tiempo transcurrido,
fue nombrarle: abismo
abriendo la dimensión de su ausencia
en la herida infinita del destierro.
Ésta es mi voz:
apenas un poema,
recíbelo en tus bosques
en tus madres de agua
en tus trincheras,
en la lumbre del mar de tus orillas,
en tu cálido pecho de colmena;
toma mi amor de pie,
que se levanta
desde el más hondo caldazo de pena.
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