Aquel mendigo, mojoso, marchito, taciturno inmensidad de sencillez,
hacían de esta imagen invisible, visible al locuaz transebum,
que amedrentaban con sus palabras la utopía desnuda viviente.
Dentro del paisaje, pintados por muchos de mil formas,
la mirada triste, condescendiente caminante de estático rumbo,
apedreados con insultos ignorantes, invalidaron aquel ego perdido.
Quien sabe, aquel dedo prejuicioso apuntando a matar, total no es visible, sino aquel que con el corazón, hace gestos inusitados de valores humanos.
Desapercibidos días, derechos débiles, damnificados con necesidades al aire libre, sin techo, sin amparos a los golpes bajos.
Si tan solo, uno se pudiera valerse con poco, y recibir como premio, el daño que uno hace, tendría el derecho de juzgar tanto atropello, sin abismar,
sin abortar terrenos del alma, con salvedades expuestas a quien hoy y siempre, ha de juzgar.
Sin mentiras, hoy sabemos con poco quien es quien.
Aquel mendigo, que siempre calla a voces imaginarias, que solo mueve minutos sin destino, que tan solo despierta en el y anochece consigo mismo.
Que estará pensando aquella cabeza endurecida, quizás cuando el sol nuevamente asome, comience el día anterior, el mismo día detenido, conjurando al mismo dios, respuestas con interrogantes
.
Solo será diferente, si extendemos la mano, con un trozo de pan, a las manos de quien lo necesite,
determinado a valorizar, la unión por la desunión, a lo impulsivo, por lo flemático, al desdeño por el enfado, y al mendigo por nosotros mismo.
Mazzolari Javier.
hacían de esta imagen invisible, visible al locuaz transebum,
que amedrentaban con sus palabras la utopía desnuda viviente.
Dentro del paisaje, pintados por muchos de mil formas,
la mirada triste, condescendiente caminante de estático rumbo,
apedreados con insultos ignorantes, invalidaron aquel ego perdido.
Quien sabe, aquel dedo prejuicioso apuntando a matar, total no es visible, sino aquel que con el corazón, hace gestos inusitados de valores humanos.
Desapercibidos días, derechos débiles, damnificados con necesidades al aire libre, sin techo, sin amparos a los golpes bajos.
Si tan solo, uno se pudiera valerse con poco, y recibir como premio, el daño que uno hace, tendría el derecho de juzgar tanto atropello, sin abismar,
sin abortar terrenos del alma, con salvedades expuestas a quien hoy y siempre, ha de juzgar.
Sin mentiras, hoy sabemos con poco quien es quien.
Aquel mendigo, que siempre calla a voces imaginarias, que solo mueve minutos sin destino, que tan solo despierta en el y anochece consigo mismo.
Que estará pensando aquella cabeza endurecida, quizás cuando el sol nuevamente asome, comience el día anterior, el mismo día detenido, conjurando al mismo dios, respuestas con interrogantes
.
Solo será diferente, si extendemos la mano, con un trozo de pan, a las manos de quien lo necesite,
determinado a valorizar, la unión por la desunión, a lo impulsivo, por lo flemático, al desdeño por el enfado, y al mendigo por nosotros mismo.
Mazzolari Javier.