Niño soñador, vuelas por las praderas,
la leve lluvia no es capaz de detenerte
cae sobre ti como fantasía de luz, ligera,
y su brisa te guía al encuentro de tu suerte.
El aroma de tu madre te llega desde lejos
como fragancia de amor izado por la lluvia,
como esencia tierna que recibes como besos,
te invita, te hechiza, a tu alma acaricia.
Niño, ese olor fascinante te embriaga
al recordar su piel morena y su dulce voz,
su olor a cálido café y su soñadora mirada
la mirada que te volvió a ti un niño soñador.
Mientras más te acercas mas te extrañas
otro olor se mezcla con el aroma del café,
olor oscuro, aroma herido, te engañas
pensando en que no es nada, todo está bien.
La lluvia y el viento te empujan con fuerza
y vislumbras detrás de las colinas tu hogar,
te estremeces, niño, al ver violada la puerta
y te fundes con el viento, corriendo sin parar.
Al llegar una esencia te calcina el corazón
aroma a café con sangre, y tu alegría en fuga
te abandona al ver a tu madre sin pulsación,
y caes a sus pies perfumado de amargura.
Tu niñez te abandonó, y es sólo un recuerdo
que un aroma de vez en cuando te trasiega,
y te convierte en infante llevado por el viento
a los brazos de tu madre vuelta esencia.