chc
Christian
Ahora que la luna
ha caminado medio cielo,
con la invariable lentitud de la tormenta,
y que ya he contado,
con la fragilidad de un candado
al techo inexistente
de ese cielo
todas mis confidencias.
Ahora que estoy catando estrellas
en este casi amanecer
de cada día,
que amanece antes que suceda,
y que me corrige la mala postura
de estar más allá que acá,
encuentro mi maltrecho embalaje
más maltrecho que lo que guarda.
Y es un arte casi milenario
este sentir desde adentro
que pisotea las ropas,
es una descarga eléctrica
que destituye amistosamente
el arte contemporáneo
de valer poco y nada,
de vivir sin ton ni son.
Y ya no me escondo
para que no vean
la piel que me rodea.
ya no camino
con la mirada expectante
buscando salvavidas
que me salven de la vida.
Y ya no siempre respondo
cuando todos me preguntan,
sólo descanso
en el placer de algún silencio.
Ahora,
que ese muro derrotado
de incontables amarguras
ha quedado a mis espaldas
y no sobre ella,
me detengo,
a medio cielo de camino
y embriagado de estrellas,
para encontrarme.
Y encontrar,
como una moneda, despreciada,
pero con su valor intacto,
la coraza, desarmada
la memoria, realizada.
ha caminado medio cielo,
con la invariable lentitud de la tormenta,
y que ya he contado,
con la fragilidad de un candado
al techo inexistente
de ese cielo
todas mis confidencias.
Ahora que estoy catando estrellas
en este casi amanecer
de cada día,
que amanece antes que suceda,
y que me corrige la mala postura
de estar más allá que acá,
encuentro mi maltrecho embalaje
más maltrecho que lo que guarda.
Y es un arte casi milenario
este sentir desde adentro
que pisotea las ropas,
es una descarga eléctrica
que destituye amistosamente
el arte contemporáneo
de valer poco y nada,
de vivir sin ton ni son.
Y ya no me escondo
para que no vean
la piel que me rodea.
ya no camino
con la mirada expectante
buscando salvavidas
que me salven de la vida.
Y ya no siempre respondo
cuando todos me preguntan,
sólo descanso
en el placer de algún silencio.
Ahora,
que ese muro derrotado
de incontables amarguras
ha quedado a mis espaldas
y no sobre ella,
me detengo,
a medio cielo de camino
y embriagado de estrellas,
para encontrarme.
Y encontrar,
como una moneda, despreciada,
pero con su valor intacto,
la coraza, desarmada
la memoria, realizada.