tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay una parte imaginaria de mi tiempo, que ha desaparecido. De alguna forma lo percibo
no se de que manera, no tengo el control, es como si yo mismo estuviera sustrayendo algo de mi propia esencia.
Es uno de esos momentos en que, mi cuerpo queda estático y la mente no responde, solo me abstraigo sin poder modificarlo.
Nada prevalece, nada es importante.
No hay derecho, ni hay revés.
No hay situación, ni hay complicación.
No hay verdad, ni hay mentira.
No hay paz, ni hay guerra.
No hay tiempo, ni hay forma.
No hay conciencia, ni hay alma.
No hay mente, ni hay razón.
No hay moral, ni hay locura.
No hay vida ni hay muerte.
No hay furia, ni hay calma.
No hay cielo, ni hay infierno.
No hay bien, ni hay mal.
No hay ondas, ni hay partículas.
No hay todo, ni hay nada.
No hay destino, ni hay esperanza.
No hay comportamientos, ni hay tolerancias.
No hay palabras, ni hay silencios.
Todo es surreal, dilatante, insustancial, abstracto e infinito.
Aparece en la quietud de la calma, una medida ambigua, confusamente perceptible, transportando preceptos ilegibles, generando una conciencia inanimada el frío pensamiento de una muerte que, bromea con las figuras formando movimientos con mi sombra; me doy cuenta de que puedo ser yo. Tal vez ni yo mismo sea real, y si mi cuerpo es tan solo es una sugestión híper sensible, abstraída del mundo real. Una ilusión capaz de agonizar, ante la sola presencia de una pizca de razonamiento básico.
Hipotéticamente podría ser parte de una sensación.
La dilución errante de un coctel de sentidos.
Que será esta extraña entidad que osa despertarme con breves imágenes de sarcasmo, en esas noches de esotérico insomnio.
Planteando escenas plenas de excentricismo supremo, con el tonelaje preciso para abordar mi pasmosa inmoralidad, evacuando cada partícula de culposidad, eximiéndome de las notificaciones éticas que emite mi mente. Obstruyendo y transformándolo todo, y desechando a mi viejo y quimérico mundo real.
Esta secuencia toxica y maldita, analógicamente desdibuja la calma extrema que supo conciliar necrológicamente parte de mi cuerpo.
Entre el desden de las brumosidades abstrusas, y la necedad del silencio, dejando profundidades incomprensibles, donde me animo a soñar, solidificando mis corrugadas representaciones abstractas.
Entonces creo que después de todo, esto sea la cola de un sueño no resuelto.
O tal vez sea la estela de varios sueños inconclusos, que emigran inmoderados mientras vivo un cosmos sensitivo innegable.
Llevo la sobrecarga de una emulsión fotográfica, que a paralizado el tenor de mis sueños y, el subconsciente será el encargado de drenar la mixtura fina, que bordea insustancialmente la obsesión fantástica de mis espacios simulados en los albores de mi transustancialización, me preparo para la supresión alegórica de mis sentidos, que han elegido este exquisito instante, para exhibir la cúspide de su arte inconsciente.
Es uno de esos momentos en que, mi cuerpo queda estático y la mente no responde, solo me abstraigo sin poder modificarlo.
Nada prevalece, nada es importante.
No hay derecho, ni hay revés.
No hay situación, ni hay complicación.
No hay verdad, ni hay mentira.
No hay paz, ni hay guerra.
No hay tiempo, ni hay forma.
No hay conciencia, ni hay alma.
No hay mente, ni hay razón.
No hay moral, ni hay locura.
No hay vida ni hay muerte.
No hay furia, ni hay calma.
No hay cielo, ni hay infierno.
No hay bien, ni hay mal.
No hay ondas, ni hay partículas.
No hay todo, ni hay nada.
No hay destino, ni hay esperanza.
No hay comportamientos, ni hay tolerancias.
No hay palabras, ni hay silencios.
Todo es surreal, dilatante, insustancial, abstracto e infinito.
Aparece en la quietud de la calma, una medida ambigua, confusamente perceptible, transportando preceptos ilegibles, generando una conciencia inanimada el frío pensamiento de una muerte que, bromea con las figuras formando movimientos con mi sombra; me doy cuenta de que puedo ser yo. Tal vez ni yo mismo sea real, y si mi cuerpo es tan solo es una sugestión híper sensible, abstraída del mundo real. Una ilusión capaz de agonizar, ante la sola presencia de una pizca de razonamiento básico.
Hipotéticamente podría ser parte de una sensación.
La dilución errante de un coctel de sentidos.
Que será esta extraña entidad que osa despertarme con breves imágenes de sarcasmo, en esas noches de esotérico insomnio.
Planteando escenas plenas de excentricismo supremo, con el tonelaje preciso para abordar mi pasmosa inmoralidad, evacuando cada partícula de culposidad, eximiéndome de las notificaciones éticas que emite mi mente. Obstruyendo y transformándolo todo, y desechando a mi viejo y quimérico mundo real.
Esta secuencia toxica y maldita, analógicamente desdibuja la calma extrema que supo conciliar necrológicamente parte de mi cuerpo.
Entre el desden de las brumosidades abstrusas, y la necedad del silencio, dejando profundidades incomprensibles, donde me animo a soñar, solidificando mis corrugadas representaciones abstractas.
Entonces creo que después de todo, esto sea la cola de un sueño no resuelto.
O tal vez sea la estela de varios sueños inconclusos, que emigran inmoderados mientras vivo un cosmos sensitivo innegable.
Llevo la sobrecarga de una emulsión fotográfica, que a paralizado el tenor de mis sueños y, el subconsciente será el encargado de drenar la mixtura fina, que bordea insustancialmente la obsesión fantástica de mis espacios simulados en los albores de mi transustancialización, me preparo para la supresión alegórica de mis sentidos, que han elegido este exquisito instante, para exhibir la cúspide de su arte inconsciente.