En aquellas vastas soledades
invernales, extensas, infinitas
en el cabo del sur de la nostalgia.
Inventamos un tango
que nos mantenga a salvo,
que templara el espíritu
y soltara las riendas
de nuestras ilusiones más sagradas.
Mientras el sol radiante
se desangraba lento
a nuestra espalda efímera.
Un viejo faro entonces
se hizo juglar enhiesto,
siendo señal de fuego
para el último lance
de nuestros corazones peregrinos.
Asediamos al tiempo
con todo el desparpajo insolente
de nuestro amor finito,
pueril, irreverente.
Soldados de los vientos
nuestros pasos alados
trepados al diluvio
para un nuevo comienzo.
Al sur de los recuerdos,
se pierde la mirada.
invernales, extensas, infinitas
en el cabo del sur de la nostalgia.
Inventamos un tango
que nos mantenga a salvo,
que templara el espíritu
y soltara las riendas
de nuestras ilusiones más sagradas.
Mientras el sol radiante
se desangraba lento
a nuestra espalda efímera.
Un viejo faro entonces
se hizo juglar enhiesto,
siendo señal de fuego
para el último lance
de nuestros corazones peregrinos.
Asediamos al tiempo
con todo el desparpajo insolente
de nuestro amor finito,
pueril, irreverente.
Soldados de los vientos
nuestros pasos alados
trepados al diluvio
para un nuevo comienzo.
Al sur de los recuerdos,
se pierde la mirada.
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