Asiento de iglesia

marquelo

Negrito villero
Desnudo en lo más hondo
de las tormentas
las iglesias caen con sus
grandes cristales
como si un aserradero
de palabras tome la decisión
de hacer descansar las manos
las piernas y toda la edad
donde se apoya el ojo
del águila o la picazon
de la avispa bajo sus alas

Ahora parto con una resaca
de cielo
un número insidioso hace
de mi calavera
una nueva agonía en la espera

La suerte de Dios
siempre paga
el ancla de los días
y la maravillosa sensación
de la vida flotando
en los pétalos
en los obeliscos
donde la cima
lo coronan
un aplauso de nido.
 
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