En el vacío insondable de tu ausencia, ¡ oh ! cadáver implacable de rígido semblante, suelto la carcajada fastuosa del triunfo sobre la nostálgica muerte. Sólo sé que cuando fenezca yo también, una rosa ígnea será el pecado capital. Reposando en un féretro de negra e infernal insidia. Cuánto desearía tu presencia nigromántica. Pero, el pudor religioso escandaliza a mi pobre conciencia. Tu ausencia es el regalo de bodas ya pospuesto. Y reflejado en el espejo de la evaporada llovizna de lágrimas de Judas. Me desangro las muñecas con el abrecartas que me regalaste la noche de bodas. Y, aún así sigo vivo. En un charco de densa sangre sonora que clama al cielo empíreo. ¡Oh ! Ausencia. Quiero perder el juicio. E ingresar en un psiquiátrico. Para, allí, en mi vetusta celda, ahorcarme con tu media de negro encaje sexual.