La lluvia brilla en la mimosa.
Como siempre,
desde mi ventana contemplo la noche
y la cálida atmósfera de mi cuarto
me acoge como un vientre
tierno y sin roces.
Siento casi
las ráfagas liquidas del agua
que aparecen detrás de las ventanas,
son cuentas de cristal
que caen a prisa
saltando llenas de vida
a la calle
con su pequeña luz dentro.
Me entretengo mirando al jardín
que he creado en mi terraza.
Es otro mundo al alcance de mis ojos,
es un placer que contemplo
lleno de proyectos
que me complace la mirada
adentrándome en la esquinas como si volara.
Conozco todos sus ruidos,
todas sus ventanas abiertas,
sus ventanas cerradas,
los pasos de los domingos,
las pisadas de los lunes por la mañana,
la quietud de las noches,
las risas de algunas madrugadas.
En mi corazón se apagaron
muchas prisas derramadas,
sobre él se colmó
hasta volverse calladas
las risas de los chiquillos,
los lloros del alba,
los desvelos de la fiebre.
Todo se convirtió en unas balsa de plata,
serena como un lago,
ausente como la nada,
plagada de ilusiones nuevas
y anunciando otra estación,
mi cuerpo se adapta a ella
agarrado a la esperanza.
Como siempre,
desde mi ventana contemplo la noche
y la cálida atmósfera de mi cuarto
me acoge como un vientre
tierno y sin roces.
Siento casi
las ráfagas liquidas del agua
que aparecen detrás de las ventanas,
son cuentas de cristal
que caen a prisa
saltando llenas de vida
a la calle
con su pequeña luz dentro.
Me entretengo mirando al jardín
que he creado en mi terraza.
Es otro mundo al alcance de mis ojos,
es un placer que contemplo
lleno de proyectos
que me complace la mirada
adentrándome en la esquinas como si volara.
Conozco todos sus ruidos,
todas sus ventanas abiertas,
sus ventanas cerradas,
los pasos de los domingos,
las pisadas de los lunes por la mañana,
la quietud de las noches,
las risas de algunas madrugadas.
En mi corazón se apagaron
muchas prisas derramadas,
sobre él se colmó
hasta volverse calladas
las risas de los chiquillos,
los lloros del alba,
los desvelos de la fiebre.
Todo se convirtió en unas balsa de plata,
serena como un lago,
ausente como la nada,
plagada de ilusiones nuevas
y anunciando otra estación,
mi cuerpo se adapta a ella
agarrado a la esperanza.