Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lleva de mochila tus miserias como estandarte.
La cosecha del bien poluto arrogante atesorado
y cuando la voz de la vida te llame al estrado
oculta tu cara avara tras una máscara de semblante.
Ve con tu repleta alma vampira y corazón ausente,
deja tus cofres del usufructo proletario y
la inútil fantasía del orgullo propietario,
la mujer ciega tiene un púlpito limite e inclemente.
Entra con sigilo tus pasados marchitos de estirpe,
tu afrentosa sesera de metal e inútil mimbre
porque la sabia tierra se ofenderá con tus lamentos.
Sepultando tu oprobiosa lengua en un foso oculto.
Ve elevando plegarias y acopio de rezos,
no esperes en el banquillo ni un mínimo indulto.
La cosecha del bien poluto arrogante atesorado
y cuando la voz de la vida te llame al estrado
oculta tu cara avara tras una máscara de semblante.
Ve con tu repleta alma vampira y corazón ausente,
deja tus cofres del usufructo proletario y
la inútil fantasía del orgullo propietario,
la mujer ciega tiene un púlpito limite e inclemente.
Entra con sigilo tus pasados marchitos de estirpe,
tu afrentosa sesera de metal e inútil mimbre
porque la sabia tierra se ofenderá con tus lamentos.
Sepultando tu oprobiosa lengua en un foso oculto.
Ve elevando plegarias y acopio de rezos,
no esperes en el banquillo ni un mínimo indulto.