ADSAKA
Poeta recién llegado
Pareciera que
no pasan los días
desde que te perdí.
Es como si
tu recuerdo tremulo
me hubiera detenido
mis horas tristes,
y mi mundo
permaneciera estático,
desde la última vez
que mire tu rostro,
hasta el día de hoy.
A veces veo
cómo se extienden
tus manos del pasado
y sobrevuelan
meses, años y momentos,
hasta que me agarran
por sorpresa
y me arrastran hacia
lo que fuiste, celosas,
sólo para
abrazarme con fuerza,
y que no avance sin ti.
Ya ahí, me das un beso
del tamaño de la última
vez que nos amamos y
hacemos el amor en
un nido de nostalgia.
Una lágrima cae al suelo
y retumba en la habitación
de ese ayer inmaculado.
Así son las memorias.
Después de ese
orgasmo viejo
que nos quedó
en las sábanas,
me tomas de nuevo,
sin tapujos,
en esa cama olvidada
en la que guarde
tu desnudez más añeja.
Me estremezco
por primera vez
de nuevo.
La madrugada
se hace amanecer
y desayunamos
juntos en un café
de la ciudad
esa cita en la
que descubrí
el nombre del perfume
que usabas.
Se llamaba pasión.
Luego caminas frente a mi
y tu cabello danza
sobre tus hombros
para que el movimiento
pueda hacerme percibir
tu esencia,
y dejarme la intriga
que ya me haz resuelto,
cuando te conocí
ese otoño nublado
en que el olor a lluvia
se mezcló con el tuyo.
Y ahí tus manos me sueltan
y la inercia me arrastra
de regreso
hasta el presente,
sólo para que te vea,
otra vez a la distancia,
detrás del siempre.
no pasan los días
desde que te perdí.
Es como si
tu recuerdo tremulo
me hubiera detenido
mis horas tristes,
y mi mundo
permaneciera estático,
desde la última vez
que mire tu rostro,
hasta el día de hoy.
A veces veo
cómo se extienden
tus manos del pasado
y sobrevuelan
meses, años y momentos,
hasta que me agarran
por sorpresa
y me arrastran hacia
lo que fuiste, celosas,
sólo para
abrazarme con fuerza,
y que no avance sin ti.
Ya ahí, me das un beso
del tamaño de la última
vez que nos amamos y
hacemos el amor en
un nido de nostalgia.
Una lágrima cae al suelo
y retumba en la habitación
de ese ayer inmaculado.
Así son las memorias.
Después de ese
orgasmo viejo
que nos quedó
en las sábanas,
me tomas de nuevo,
sin tapujos,
en esa cama olvidada
en la que guarde
tu desnudez más añeja.
Me estremezco
por primera vez
de nuevo.
La madrugada
se hace amanecer
y desayunamos
juntos en un café
de la ciudad
esa cita en la
que descubrí
el nombre del perfume
que usabas.
Se llamaba pasión.
Luego caminas frente a mi
y tu cabello danza
sobre tus hombros
para que el movimiento
pueda hacerme percibir
tu esencia,
y dejarme la intriga
que ya me haz resuelto,
cuando te conocí
ese otoño nublado
en que el olor a lluvia
se mezcló con el tuyo.
Y ahí tus manos me sueltan
y la inercia me arrastra
de regreso
hasta el presente,
sólo para que te vea,
otra vez a la distancia,
detrás del siempre.