Norainu
Poeta fiel al portal
Azul.
Que sencillo es mirar el mar y perderse.
La calma azul, bruñida en blanco plateado.
La piel brillante como la luz de la luna,
escama de pescado.
Ojos azules.
Con esos bellos labios y esas manos.
Tú ola graciosa y batiente como una broma,
me atrapa escurriéndose entre los pies,
como una serpiente de arena.
Abrazaste con fuerza a todos aquellos que perdieron la vida,
sumergidos en toda esa sal y ese yodo.
Bebiendo sus huesos con una ancha sonrisa que se traga las costas.
Azótame con tus olas, castígame con el suplício del ahogado.
Ya nada me importa en el ocaso,
cuando el sol se desangra en tus brazos.
Besaré la sal amargándome sin miedo los labios.
Que la arena se pega en un beso,
dejándolo quieto, agarrado al pasado.
Miro otra vez el pesado vaivén,
borracho de la espuma de las olas.
Velas blancas acuchillan tu horizonte.
Vengo como un mendigo a mirar una vez más.
El Mediterráneo.
Que sencillo es mirar el mar y perderse.
La calma azul, bruñida en blanco plateado.
La piel brillante como la luz de la luna,
escama de pescado.
Ojos azules.
Con esos bellos labios y esas manos.
Tú ola graciosa y batiente como una broma,
me atrapa escurriéndose entre los pies,
como una serpiente de arena.
Abrazaste con fuerza a todos aquellos que perdieron la vida,
sumergidos en toda esa sal y ese yodo.
Bebiendo sus huesos con una ancha sonrisa que se traga las costas.
Azótame con tus olas, castígame con el suplício del ahogado.
Ya nada me importa en el ocaso,
cuando el sol se desangra en tus brazos.
Besaré la sal amargándome sin miedo los labios.
Que la arena se pega en un beso,
dejándolo quieto, agarrado al pasado.
Miro otra vez el pesado vaivén,
borracho de la espuma de las olas.
Velas blancas acuchillan tu horizonte.
Vengo como un mendigo a mirar una vez más.
El Mediterráneo.
Última edición: