Caer en el tiempo que se deshace
desde hace tiempo
en los relojes de siempre,
en el tequila que resbala por la sangre
mientras la hierba se sumerge
en la oquedad de la espalda
refugiándose de los quemores.
Caer en los alrededores
hasta ser propiedad del sueño
contagiando una plaga apacible
que atraviesa el cuerpo y lo detiene.
Caer con el alma
como una forma de vida
inmóvil y latente
y en la cama del mundo
desatar la carne.
Caer en la sangre que fluye sin esfuerzo
sin saber de donde nace
ni a donde se dirige,
caer en la patria cristalina
que se guarda siempre
en los iris invisibles
como un hogar
que grita y enmudece.
Caer como una gota
en el jardín joven
de vieja tierra virgen
que ciega la ciudad
y deja ver el bosque.
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