Balas anónimas
Escucho los disparos a lo lejos
y siento que la piel adolorida
se contrae dejándose la vida
reflejada en el grito y los espejos.
En las tumbas anónimas y ocultas
se revuelven con huesos de animales,
dejando que el final de los finales
se borre por las manos más incultas.
Las misas de difuntos no se bastan
pues lloran las campanas toda tarde.
Nuestro sistema, trágico y cobarde,
disfruta el ruido cuando nos aplastan.
¿Qué será de mis hijos, que será?
Si nuestras calles claman por sonidos
y por juegos que fueron confundidos
por la bala que ignora a dónde va.
Autor: Jorge de Córdoba