LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
La luna, en ocasiones, es como un esperma de amaneceres; un vértigo infinito
que alimenta; la visión de ella retuerce las esencias y las revelaciones.
que alimenta; la visión de ella retuerce las esencias y las revelaciones.
BALBUCEO DE UN SABOR ENLOQUECIDO
Anclando la mirada en las esencias del corazón,
en ese espacio inconmensurable, transmutación
de un destino de puertas en noches perdidas
cuando la tentación son largos y difíciles pasos.
¡Ya te revelas!
Es el silencio.
Anúdame.
¡Viértete!
Se me hace eterna la memoria amanecida;
una voz de pecho expectante que se propaga
entre las horas de ese loco reloj, agobiado
por el aire de mi cuerpo hecho de vientres.
Sin materia, aprehendiendo un puñado de cielo,
paseo por la indivisibilidad de los frescores
que transparentes se despojan en el abrazo
silencioso del mar recorrido junto a tus ojos.
En el acecho de ese vértigo infinito,
el laberinto de las partes desnudas
alimenta la noche de azules crudos
para domar el aleteado aburrimiento.
Salimos del beso salado
que abandonado a un mar,
ancla sus labios en calas.
Salimos de esa sal de lágrimas,
pañuelos blancos medidos
entre las ultimas voces.
Nos cristalizamos amados
en sal vertida de salivas
y actos de amor condenado.
Y convencidos, salimos salobres
ente la vida de nosotros mismos,
pleno desierto de una esperanza.
Se quiere desgastar la noche para balbucearnos,
perpetuos en el placer de las lenguas espasmódicas,
para gemirnos y sentir un único sabor enloquecido.
que es el goce de luna huida e irónica de dolores.
* * * * * * *
luzyabsenta
Anclando la mirada en las esencias del corazón,
en ese espacio inconmensurable, transmutación
de un destino de puertas en noches perdidas
cuando la tentación son largos y difíciles pasos.
¡Ya te revelas!
Es el silencio.
Anúdame.
¡Viértete!
Se me hace eterna la memoria amanecida;
una voz de pecho expectante que se propaga
entre las horas de ese loco reloj, agobiado
por el aire de mi cuerpo hecho de vientres.
Sin materia, aprehendiendo un puñado de cielo,
paseo por la indivisibilidad de los frescores
que transparentes se despojan en el abrazo
silencioso del mar recorrido junto a tus ojos.
En el acecho de ese vértigo infinito,
el laberinto de las partes desnudas
alimenta la noche de azules crudos
para domar el aleteado aburrimiento.
Salimos del beso salado
que abandonado a un mar,
ancla sus labios en calas.
Salimos de esa sal de lágrimas,
pañuelos blancos medidos
entre las ultimas voces.
Nos cristalizamos amados
en sal vertida de salivas
y actos de amor condenado.
Y convencidos, salimos salobres
ente la vida de nosotros mismos,
pleno desierto de una esperanza.
Se quiere desgastar la noche para balbucearnos,
perpetuos en el placer de las lenguas espasmódicas,
para gemirnos y sentir un único sabor enloquecido.
que es el goce de luna huida e irónica de dolores.
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