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Banco del parque... (prosa). Abril imagen 7.

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Esporádico permanente
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Domingo por la tarde, mientras las familias salían de la iglesia y cortaban por el parquesito a degustar confituras y refrescos.
Paseabas bajo tu paraguas de tul, escondiendo las miradas para que nadie notara tu ojos gris perla.
Buscaba afanoso tu perfil y tu camino, tratando de tropezarme contigo.
Al descuido de tus padres, tu hermano pequeño salió en pos del vendedor de cometas. Quedando sola en aquel banco de hierro forjado y madera de guayacán.
Las ligeras lluvias de días antes hicieron su efecto y forzaron las hojas a enredarse en flores amarillas.
Ahora el piso se llenaba de aquel tono chillón que contrastaba con tu ropaje celeste.

-Perdone, ando muy cansado de tanto bregar, ¿puedo sentarme a su lado?

En silencio tus ojos me señalaron el sitio vacío.
Una vendedora de adornos y peinetas se nos acercó, ofreciendo su mercadería.
Ella mostraba el carey y la tagua, cuidadosamente tallados en formas caprichosas.
Tus ojos brillaban en cada joya mientras el corazón se me atravezaba en las palabras hasta callarme.
Solo asentía con la cabeza mientras observabas cada pieza.
De pronto tus padre te llaman cometa en ristre y en camino a la pampa. Te levantas en silencio llevando contigo una diadema.
La señora sonriendo se vuelve a mi lado para cobrarme por el inesperado regalo, mientras desaprovecho el último instante en que pude haber tomado tu mano.

Ese banco se volvió mi punto de referencia.
En más regresaría cada domingo, solo para acrecentar la espera.
En cada ocasión conocía a otras personas.
Vendedoras de flores, buscando a parejas muy melosas.
Vendedores de globos, cazando a los traviesos niños sin hermanos.
Fotógrafos con tripié y cuarto oscuro de cartón.
Mimos con camisas a rayas, caminando sin caminar.
Las mucamas coquetas, seguidas del uniforme del policía de turno.
Chicos en bicicletas, seguidos de sus padres cuidando sus caídas.
Filósofos, cuentistas y poetas.
Demagogos de la retórica y de la salvación.
Orquestas enormes de un solo hombre.
Parejas comiéndose a besos.
Choros corriendo con su trabajo.
Los arquitectos rediseñando el viejo parque.
Los árboles cayendo por los años.
Esculturas raras reemplazando la glorieta.
Chicos con radios en hombros en lugar de las retretas.
Borrachines de medio día cuidando su cruda.
Las zorras cansadas de su caminar en tacones.
...
Y sigo aquí esperando por tus ojos grises perla.
 
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Domingo por la tarde, mientras las familias salían de la iglesia y cortaban por el parquesito a degustar confituras y refrescos.
Paseabas bajo tu paraguas de tul, escondiendo las miradas para que nadie notara tu ojos gris perla.
Buscaba afanoso tu perfil y tu camino, tratando de tropezarme contigo.
Al descuido de tus padres, tu hermano pequeño salió en pos del vendedor de cometas. Quedando sola en aquel banco de hierro forjado y madera de guayacán.
Las ligeras lluvias de días antes hicieron su efecto y forzaron las hojas a enredarse en flores amarillas.
Ahora el piso se llenaba de aquel tono chillón que contrastaba con tu ropaje celeste.

-Perdone, ando muy cansado de tanto bregar, ¿puedo sentarme a su lado?

En silencio tus ojos me señalaron el sitio vacío.
Una vendedora de adornos y peinetas se nos acercó, ofreciendo su mercadería.
Ella mostraba el carey y la tagua, cuidadosamente tallados en formas caprichosas.
Tus ojos brillaban en cada joya mientras el corazón se me atravezaba en las palabras hasta callarme.
Solo asentía con la cabeza mientras observabas cada pieza.
De pronto tus padre te llaman cometa en ristre y en camino a la pampa. Te levantas en silencio llevando contigo una diadema.
La señora sonriendo se vuelve a mi lado para cobrarme por el inesperado regalo, mientras desaprovecho el último instante en que pude haber tomado tu mano.

Ese banco se volvió mi punto de referencia.
En más regresaría cada domingo, solo para acrecentar la espera.
En cada ocasión conocía a otras personas.
Vendedoras de flores, buscando a parejas muy melosas.
Vendedores de globos, cazando a los traviesos niños sin hermanos.
Fotógrafos con tripié y cuarto oscuro de cartón.
Mimos con camisas a rayas, caminando sin caminar.
Las mucamas coquetas, seguidas del uniforme del policía de turno.
Chicos en bicicletas, seguidos de sus padres cuidando sus caídas.
Filósofos, cuentistas y poetas.
Demagogos de la retórica y de la salvación.
Orquestas enormes de un solo hombre.
Parejas comiéndose a besos.
Choros corriendo con su trabajo.
Los arquitectos rediseñando el viejo parque.
Los árboles cayendo por los años.
Esculturas raras reemplazando la glorieta.
Chicos con radios en hombros en lugar de las retretas.
Borrachines de medio día cuidando su cruda.
Las zorras cansadas de su caminar en tacones.
...
Y sigo aquí esperando por tus ojos grises perla.

Un retorno a ese espacio que confabulo una esencia
de vision casi magica. han pasado los tiempos y
el banco asume esa responsabilidad ofreciendo
todavia su sentido. un excelente prosa, vertida
entre magnificas exposiciones de recreacion
visul.
felicidades. magnifico. luzyabsenta
 
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Domingo por la tarde, mientras las familias salían de la iglesia y cortaban por el parquesito a degustar confituras y refrescos.
Paseabas bajo tu paraguas de tul, escondiendo las miradas para que nadie notara tu ojos gris perla.
Buscaba afanoso tu perfil y tu camino, tratando de tropezarme contigo.
Al descuido de tus padres, tu hermano pequeño salió en pos del vendedor de cometas. Quedando sola en aquel banco de hierro forjado y madera de guayacán.
Las ligeras lluvias de días antes hicieron su efecto y forzaron las hojas a enredarse en flores amarillas.
Ahora el piso se llenaba de aquel tono chillón que contrastaba con tu ropaje celeste.

-Perdone, ando muy cansado de tanto bregar, ¿puedo sentarme a su lado?

En silencio tus ojos me señalaron el sitio vacío.
Una vendedora de adornos y peinetas se nos acercó, ofreciendo su mercadería.
Ella mostraba el carey y la tagua, cuidadosamente tallados en formas caprichosas.
Tus ojos brillaban en cada joya mientras el corazón se me atravezaba en las palabras hasta callarme.
Solo asentía con la cabeza mientras observabas cada pieza.
De pronto tus padre te llaman cometa en ristre y en camino a la pampa. Te levantas en silencio llevando contigo una diadema.
La señora sonriendo se vuelve a mi lado para cobrarme por el inesperado regalo, mientras desaprovecho el último instante en que pude haber tomado tu mano.

Ese banco se volvió mi punto de referencia.
En más regresaría cada domingo, solo para acrecentar la espera.
En cada ocasión conocía a otras personas.
Vendedoras de flores, buscando a parejas muy melosas.
Vendedores de globos, cazando a los traviesos niños sin hermanos.
Fotógrafos con tripié y cuarto oscuro de cartón.
Mimos con camisas a rayas, caminando sin caminar.
Las mucamas coquetas, seguidas del uniforme del policía de turno.
Chicos en bicicletas, seguidos de sus padres cuidando sus caídas.
Filósofos, cuentistas y poetas.
Demagogos de la retórica y de la salvación.
Orquestas enormes de un solo hombre.
Parejas comiéndose a besos.
Choros corriendo con su trabajo.
Los arquitectos rediseñando el viejo parque.
Los árboles cayendo por los años.
Esculturas raras reemplazando la glorieta.
Chicos con radios en hombros en lugar de las retretas.
Borrachines de medio día cuidando su cruda.
Las zorras cansadas de su caminar en tacones.
...
Y sigo aquí esperando por tus ojos grises perla.
Ayyy Dragón-ecu, qué bella tu prosa, colmada de sensibles descripciones que nos acercan a la realidad de ese momento que viviste, momento de feliz espera, momento único en que ves el brillo del amor en esos ojos gris perla, momentos que he compartido contigo de una manera placentera y encantadora. Me ha gustado pasar y dejarte mi humilde huella. Besos con cariño y admiración....muáááaacksss...
 
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Domingo por la tarde, mientras las familias salían de la iglesia y cortaban por el parquesito a degustar confituras y refrescos.
Paseabas bajo tu paraguas de tul, escondiendo las miradas para que nadie notara tu ojos gris perla.
Buscaba afanoso tu perfil y tu camino, tratando de tropezarme contigo.
Al descuido de tus padres, tu hermano pequeño salió en pos del vendedor de cometas. Quedando sola en aquel banco de hierro forjado y madera de guayacán.
Las ligeras lluvias de días antes hicieron su efecto y forzaron las hojas a enredarse en flores amarillas.
Ahora el piso se llenaba de aquel tono chillón que contrastaba con tu ropaje celeste.

-Perdone, ando muy cansado de tanto bregar, ¿puedo sentarme a su lado?

En silencio tus ojos me señalaron el sitio vacío.
Una vendedora de adornos y peinetas se nos acercó, ofreciendo su mercadería.
Ella mostraba el carey y la tagua, cuidadosamente tallados en formas caprichosas.
Tus ojos brillaban en cada joya mientras el corazón se me atravezaba en las palabras hasta callarme.
Solo asentía con la cabeza mientras observabas cada pieza.
De pronto tus padre te llaman cometa en ristre y en camino a la pampa. Te levantas en silencio llevando contigo una diadema.
La señora sonriendo se vuelve a mi lado para cobrarme por el inesperado regalo, mientras desaprovecho el último instante en que pude haber tomado tu mano.

Ese banco se volvió mi punto de referencia.
En más regresaría cada domingo, solo para acrecentar la espera.
En cada ocasión conocía a otras personas.
Vendedoras de flores, buscando a parejas muy melosas.
Vendedores de globos, cazando a los traviesos niños sin hermanos.
Fotógrafos con tripié y cuarto oscuro de cartón.
Mimos con camisas a rayas, caminando sin caminar.
Las mucamas coquetas, seguidas del uniforme del policía de turno.
Chicos en bicicletas, seguidos de sus padres cuidando sus caídas.
Filósofos, cuentistas y poetas.
Demagogos de la retórica y de la salvación.
Orquestas enormes de un solo hombre.
Parejas comiéndose a besos.
Choros corriendo con su trabajo.
Los arquitectos rediseñando el viejo parque.
Los árboles cayendo por los años.
Esculturas raras reemplazando la glorieta.
Chicos con radios en hombros en lugar de las retretas.
Borrachines de medio día cuidando su cruda.
Las zorras cansadas de su caminar en tacones.
...
Y sigo aquí esperando por tus ojos grises perla.
Saludos poeta!

gracias por compartir tu excelente prosa en el foro, historias llenas de romanticismo y esperas contadas desde una imagen elegida que bien se ajusta, un lujo recibirte, un millónnnnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
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Domingo por la tarde, mientras las familias salían de la iglesia y cortaban por el parquesito a degustar confituras y refrescos.
Paseabas bajo tu paraguas de tul, escondiendo las miradas para que nadie notara tu ojos gris perla.
Buscaba afanoso tu perfil y tu camino, tratando de tropezarme contigo.
Al descuido de tus padres, tu hermano pequeño salió en pos del vendedor de cometas. Quedando sola en aquel banco de hierro forjado y madera de guayacán.
Las ligeras lluvias de días antes hicieron su efecto y forzaron las hojas a enredarse en flores amarillas.
Ahora el piso se llenaba de aquel tono chillón que contrastaba con tu ropaje celeste.

-Perdone, ando muy cansado de tanto bregar, ¿puedo sentarme a su lado?

En silencio tus ojos me señalaron el sitio vacío.
Una vendedora de adornos y peinetas se nos acercó, ofreciendo su mercadería.
Ella mostraba el carey y la tagua, cuidadosamente tallados en formas caprichosas.
Tus ojos brillaban en cada joya mientras el corazón se me atravezaba en las palabras hasta callarme.
Solo asentía con la cabeza mientras observabas cada pieza.
De pronto tus padre te llaman cometa en ristre y en camino a la pampa. Te levantas en silencio llevando contigo una diadema.
La señora sonriendo se vuelve a mi lado para cobrarme por el inesperado regalo, mientras desaprovecho el último instante en que pude haber tomado tu mano.

Ese banco se volvió mi punto de referencia.
En más regresaría cada domingo, solo para acrecentar la espera.
En cada ocasión conocía a otras personas.
Vendedoras de flores, buscando a parejas muy melosas.
Vendedores de globos, cazando a los traviesos niños sin hermanos.
Fotógrafos con tripié y cuarto oscuro de cartón.
Mimos con camisas a rayas, caminando sin caminar.
Las mucamas coquetas, seguidas del uniforme del policía de turno.
Chicos en bicicletas, seguidos de sus padres cuidando sus caídas.
Filósofos, cuentistas y poetas.
Demagogos de la retórica y de la salvación.
Orquestas enormes de un solo hombre.
Parejas comiéndose a besos.
Choros corriendo con su trabajo.
Los arquitectos rediseñando el viejo parque.
Los árboles cayendo por los años.
Esculturas raras reemplazando la glorieta.
Chicos con radios en hombros en lugar de las retretas.
Borrachines de medio día cuidando su cruda.
Las zorras cansadas de su caminar en tacones.
...
Y sigo aquí esperando por tus ojos grises perla.
Bellisimo relató que me hizo volar.
Mis aplausos
Alfonso
 

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