QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Muchos son los policías,
ya se acercan sus caballos,
y el bandolero los mira
viendo el polvo de sus cascos.
Erguido en la serranía
tiene un trabuco en las manos
y la navaja escondida
alrededor de su manto.
Sobre la frente con ira
lleva de tela un pedazo
pañuelo de seda rica
en emboscadas y asaltos.
A sus pies alguien suspira
sujetándole llorando
quién resulta prometida
del forajido romántico.
Idilio el suyo sin miras
y expuesto justo al fracaso
pues providencias divinas
imparten tragos amargos.
A orar ella como en misa
comienza justo entre llantos
con lágrimas ya marchitas
al escucharse disparos.
-¡Alto a la autoridad!-gritan,
¡Date preso o bien finado!
¡Pues de la forma que elijas
vendrás muerto o respirando!
Este sin alternativas
ve ya próximo el ocaso
y a su mujer con la vista
empieza a darle un abrazo.
-Llegó la hora vida mía...
Terminó lo que empezamos...
...pues mi alma corrompida
pagar debe por sus actos.
Luego a sus armas las tira
alzando arriba las manos
sin que sus miembros resistan
al temblor que siente franco.
Los alguaciles registran
sus prendas de cabo a rabo
y tras sus grupas lo envían
justo después ya de atarlo.
Entonces al trote giran
volviendo sobre sus pasos
y sola a la mujercita
allí dejan sollozando.
-¡Dios, te imploro hagas justicia,
y que puedas perdonarlo!...
¡Pues no puede ser maligna
el alma que quiero tanto!