Llévame, llévame arriba hacia el vapor helado
Donde los niños fijan la mirada en el cielo,
Bailando, bailando ebrio con la luna y mi sombra
Hasta el crepúsculo de las estrellas, las cartas parecen volar,
Es el destino que ha venido a buscarme, buscando hallarme
Dentro del frio abrigo que anida lo propio, de una estrella.
Y en volandas y en una nube planee sobre el océano,
Olas que volvían de rebotar contra los acantilados me seguían,
Se perdían, eternamente cíclicas, iban en la dirección opuesta a las demás,
Parecían aferrarse al océano como si fuera suelo mismo, que suerte de estar
Ahogado ya, dentro de un reloj, que averiado, vuelven sus manecillas con la hora.
Donde los niños fijan la mirada en el cielo,
Bailando, bailando ebrio con la luna y mi sombra
Hasta el crepúsculo de las estrellas, las cartas parecen volar,
Es el destino que ha venido a buscarme, buscando hallarme
Dentro del frio abrigo que anida lo propio, de una estrella.
Y en volandas y en una nube planee sobre el océano,
Olas que volvían de rebotar contra los acantilados me seguían,
Se perdían, eternamente cíclicas, iban en la dirección opuesta a las demás,
Parecían aferrarse al océano como si fuera suelo mismo, que suerte de estar
Ahogado ya, dentro de un reloj, que averiado, vuelven sus manecillas con la hora.
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