Esta ciudad me agota.
Por la mañana se convierte en el cementerio más ruidoso del mundo,
dudo de la existencia de cada persona con la que me pueda cruzar:
es imposible que alguien sobreviva a este infierno gris.
Y me derrumbo ante las palomas.
Ellas son los únicos héroes que deberían ser recordados,
con sus patitas desfiguradas por haberse apoyado cuando eran polluelos
en algún alfeizar con cínicos alambres.
Y luego las veo huir a ras de suelo de las motocicletas en esas calles semi-peatonales
(esa palabra se la debió inventar el diablo)
y las veo descansar sobre un hilo de la iluminación nocturna,
mirando a cada persona bajo sus alas, contemplándolas y discerniendo entre el bien y el mal.
Y luego esta esa gente que dice que son las ratas del cielo...
cada vez que lo oigo adoraría atizarles en la cara.
Esta ciudad me agota
y veo como engulle día tras día a cada alma agotada para poder sobrevivir ella misma a sus propios habitantes.
Como aquel día que vi como podaban los árboles de la única calle donde todavía quedaba un centímetro de tierra
y iban dejando soez y groseros los operarios cada una de las ramas en el cubo de la basura
y ellas intentaban salir, llorando, aquejadumbrosas y raquíticas de su primera tumba.
Esta ciudad quiere matar todo lo humano del alma hasta hacerla hierro,
hasta depurarla,
hasta olvidar el olor de los lirios
o olvidar el color del mar.
Esta ciudad esta repleta de estúpidos héroes
que con su resignación solo quieren dejarles el futuro de que ellos se privan a sus hijos.
Y yo tan solo puedo imaginarme una futura generación de almas semi-consumidas por el humo de los tubos de escape y asaetadas por las ramas muertas
odiando a sus padres por haberse privado de la vida, por no enseñarles a vivir, tan solo a trabajar,
tan solo enseñándoles a dejar un futuro a sus hijos.
Esta ciudad me agota y los héroes escriben histéricos su final de fuego.
Por la mañana se convierte en el cementerio más ruidoso del mundo,
dudo de la existencia de cada persona con la que me pueda cruzar:
es imposible que alguien sobreviva a este infierno gris.
Y me derrumbo ante las palomas.
Ellas son los únicos héroes que deberían ser recordados,
con sus patitas desfiguradas por haberse apoyado cuando eran polluelos
en algún alfeizar con cínicos alambres.
Y luego las veo huir a ras de suelo de las motocicletas en esas calles semi-peatonales
(esa palabra se la debió inventar el diablo)
y las veo descansar sobre un hilo de la iluminación nocturna,
mirando a cada persona bajo sus alas, contemplándolas y discerniendo entre el bien y el mal.
Y luego esta esa gente que dice que son las ratas del cielo...
cada vez que lo oigo adoraría atizarles en la cara.
Esta ciudad me agota
y veo como engulle día tras día a cada alma agotada para poder sobrevivir ella misma a sus propios habitantes.
Como aquel día que vi como podaban los árboles de la única calle donde todavía quedaba un centímetro de tierra
y iban dejando soez y groseros los operarios cada una de las ramas en el cubo de la basura
y ellas intentaban salir, llorando, aquejadumbrosas y raquíticas de su primera tumba.
Esta ciudad quiere matar todo lo humano del alma hasta hacerla hierro,
hasta depurarla,
hasta olvidar el olor de los lirios
o olvidar el color del mar.
Esta ciudad esta repleta de estúpidos héroes
que con su resignación solo quieren dejarles el futuro de que ellos se privan a sus hijos.
Y yo tan solo puedo imaginarme una futura generación de almas semi-consumidas por el humo de los tubos de escape y asaetadas por las ramas muertas
odiando a sus padres por haberse privado de la vida, por no enseñarles a vivir, tan solo a trabajar,
tan solo enseñándoles a dejar un futuro a sus hijos.
Esta ciudad me agota y los héroes escriben histéricos su final de fuego.