Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
No creo en muchas personas,
Ni en el fuego que calienta mis manos,
No soy de esos parlanchines,
Que predican ser súper-humanos.
No creo en la multiplicidad de opiniones,
Y carezco del mal de la lengua afilada,
No me robo la razón cuando la tengo,
Y la entrego cuando me ha sido arrebatada.
Desconfío a menudo de la pereza,
Y soy amigo íntimo de las madrugadas,
Soy de los que a dormir les apesta,
Y de los que prefiere desentrañar encrucijadas.
No creo en escribir por escribir,
Y mucho menos, en no leer un rato antes
Pueden juzgarme por ser pseudo-intelectual,
Pero en el fondo, soy un tipo delirante.
Ni en el fuego que calienta mis manos,
No soy de esos parlanchines,
Que predican ser súper-humanos.
No creo en la multiplicidad de opiniones,
Y carezco del mal de la lengua afilada,
No me robo la razón cuando la tengo,
Y la entrego cuando me ha sido arrebatada.
Desconfío a menudo de la pereza,
Y soy amigo íntimo de las madrugadas,
Soy de los que a dormir les apesta,
Y de los que prefiere desentrañar encrucijadas.
No creo en escribir por escribir,
Y mucho menos, en no leer un rato antes
Pueden juzgarme por ser pseudo-intelectual,
Pero en el fondo, soy un tipo delirante.