No me preocupa el presente
Ahora tengo lo que quiero
Tampoco el pasado ya ausente
Sólo el futuro es justiciero
En el fondo puedo percibir
Imaginar lo que vendrá
No quiero volver a debatir
Esta grán realidad
Envainada y apuntándome
La espada temporal me enfila
No pienso arrodillarme
Después de lo que he luchado en la vida.
Estoy harta de vivir entre necesidades
Mi sueño se escapa veloz
Ya no voi a temer a las tempestades
Ahora el tiempo escuchará mi voz
Espada te conozco más de lo que crees
Se que traes llantos y penas
Me sentaré en frente de mis seres
En la tierra fria, observando belas.
Percibo tu odio hacia mí
Pues me castigas cada día
De buena aprendí
Que ser mala me salvaría
Te has llevado parte de mi corazón
Eliminaste mi risa sicera
No entiendo la razón
Tampoco esta vida tan austera
Camino y camino intentando escapar de ti
Pero siempre regresas para fastidiarlo todo
Maldigo el día en que nací
Si tengo que entregarte mi corazón de oro.
Merezco ser feliz
No por ser buena ni mala
Sólo por ser una aprendiz
Que nunca suelta la espada
Ahora tengo lo que quiero
Tampoco el pasado ya ausente
Sólo el futuro es justiciero
En el fondo puedo percibir
Imaginar lo que vendrá
No quiero volver a debatir
Esta grán realidad
Envainada y apuntándome
La espada temporal me enfila
No pienso arrodillarme
Después de lo que he luchado en la vida.
Estoy harta de vivir entre necesidades
Mi sueño se escapa veloz
Ya no voi a temer a las tempestades
Ahora el tiempo escuchará mi voz
Espada te conozco más de lo que crees
Se que traes llantos y penas
Me sentaré en frente de mis seres
En la tierra fria, observando belas.
Percibo tu odio hacia mí
Pues me castigas cada día
De buena aprendí
Que ser mala me salvaría
Te has llevado parte de mi corazón
Eliminaste mi risa sicera
No entiendo la razón
Tampoco esta vida tan austera
Camino y camino intentando escapar de ti
Pero siempre regresas para fastidiarlo todo
Maldigo el día en que nací
Si tengo que entregarte mi corazón de oro.
Merezco ser feliz
No por ser buena ni mala
Sólo por ser una aprendiz
Que nunca suelta la espada