ivoralgor
Poeta fiel al portal
El sol baja desnudo a los pies de tus suspiros y yergue sin temor tus amores escondidos. Los brazos de las caricias aterciopelan los sueños carcomidos por la distancia. Los vientos soplan nostalgias venideras, embriagadas e insomnes. Nadie respira tu aroma, sólo la almohada que llora cada mañana solitaria, esperando los besos de mi boca imperfecta.
Quien huye de tus sollozos son los impuros esbozos de los lirios de vista sangrante. Aquella oleada de gemidos se produjo en las sienes del ventanal que sudaba el frío de la madrugada, con los poros de sus dedos cerrados y jadeantes de placer provocado por la delicada llovizna.
El tiempo goza de plenitud sofocante, adormece los instintos de las manecillas de los pensamientos inocuos y oblicuos. Ella se resguarda para adorar una imagen desgatada por los suplicios y las ataduras de un amor sin tregua; con dolor en las venas de la voz que desgarra el firmamento de la esperanza.
El sol se despide de tu cuerpo para dejarte morir junto al recuerdo de mis besos incompletos, desbordados de mi boca imperfecta. Aún escucho el llanto de la almohada.
Quien huye de tus sollozos son los impuros esbozos de los lirios de vista sangrante. Aquella oleada de gemidos se produjo en las sienes del ventanal que sudaba el frío de la madrugada, con los poros de sus dedos cerrados y jadeantes de placer provocado por la delicada llovizna.
El tiempo goza de plenitud sofocante, adormece los instintos de las manecillas de los pensamientos inocuos y oblicuos. Ella se resguarda para adorar una imagen desgatada por los suplicios y las ataduras de un amor sin tregua; con dolor en las venas de la voz que desgarra el firmamento de la esperanza.
El sol se despide de tu cuerpo para dejarte morir junto al recuerdo de mis besos incompletos, desbordados de mi boca imperfecta. Aún escucho el llanto de la almohada.