Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
a Sunset
Vinieras de repente como un súbito azul
que jamás se niega entre los hombres.
Vinieras a trozos desprendidos como una forma humana pregonando con júbilo
unos labios amanecidos.
Vinieras a lomos de una cigarra cualquiera
tiernamente a mis ojos emborrachándome los sentidos.
Vinieras pues o no vinieras: amando.
¡Ah, cuánto tiempo el verbo ha sido auxilio y humo
del ángel caído que me habita!
Desde esta madrugada azotada por tantos vientos
reconozco su perdurable elixir,
ese elixir radiante e inflexible de gozos y deseos
donde el verso secuestra la línea para dar vida.
Pensad qué frágil ecuación de imposible entramado
ofrece aliento a un inquebrantable amor.
Mirad a quién amáis, mirad
y no despreciéis al vivaz silencio
que poco a poco duele en la entrañas.
Porque sé de vuestro salvaje entusiasmo por el triunfo,
de vuestra generosa floración de una voluntad
donde hasta una exigua rama es verdadera y sangra.
Tú eres sola embriagador vino:
el soplo de aliento en un instante jubiloso y noble.
¿Qué fiero amor tiene por recompensa las ascuas de un desalmado fuego
y por destino la sombra amarga de no haber sido final ni gloria?
Hoy puedo guardar una lágrima en mi puño cerrado,
quizás hoy puedo quedar algo más olvidado que ayer;
mas siempre hubo, también lo reconozco,
generosos pétalos imperando en mi páramo.
Vengas o no vengas.
Nunca se anunció mejor el amor que contigo.
Vinieras de repente como un súbito azul
que jamás se niega entre los hombres.
Vinieras a trozos desprendidos como una forma humana pregonando con júbilo
unos labios amanecidos.
Vinieras a lomos de una cigarra cualquiera
tiernamente a mis ojos emborrachándome los sentidos.
Vinieras pues o no vinieras: amando.
¡Ah, cuánto tiempo el verbo ha sido auxilio y humo
del ángel caído que me habita!
Desde esta madrugada azotada por tantos vientos
reconozco su perdurable elixir,
ese elixir radiante e inflexible de gozos y deseos
donde el verso secuestra la línea para dar vida.
Pensad qué frágil ecuación de imposible entramado
ofrece aliento a un inquebrantable amor.
Mirad a quién amáis, mirad
y no despreciéis al vivaz silencio
que poco a poco duele en la entrañas.
Porque sé de vuestro salvaje entusiasmo por el triunfo,
de vuestra generosa floración de una voluntad
donde hasta una exigua rama es verdadera y sangra.
Tú eres sola embriagador vino:
el soplo de aliento en un instante jubiloso y noble.
¿Qué fiero amor tiene por recompensa las ascuas de un desalmado fuego
y por destino la sombra amarga de no haber sido final ni gloria?
Hoy puedo guardar una lágrima en mi puño cerrado,
quizás hoy puedo quedar algo más olvidado que ayer;
mas siempre hubo, también lo reconozco,
generosos pétalos imperando en mi páramo.
Vengas o no vengas.
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