David Yela
Poeta recién llegado
Noche
Oscuridad, silencio, fría brisa que baila entre los chopos
No se intuyen almas, ni coches, ni luces
El gentío ha desaparecido, ahora somos yo y mi mundo
Únicos habitantes de una ciudad fantasma
De la que te planteas ¿Eres tu el señor?
Desvaríos
Fantasiosas divagaciones dignas de un loco
Neuras y encrucijadas
Y mientras, persiste el vacio en las calles
Salpicadas de una luz naranja
Que deslustra, pues brilla tenuemente bajo una Luna
¿Estoy solo?
Ahora si
Desguarnecido, en un mundo que yo podría haber inventado
Si me creo capaz de idear, de soñar con mundos y realidades prodigiosas ¿Quien me asegura que esto que veo:
Esta deshabitada calle
Por la que acaba de cruzar un taxi, como burlándose de mi paranoia
No es como el resto del mundo un producto de mi mente?
Entandamos pues a Descartes cuando dijo que de nada podemos estar seguros, (no se si existen las teclas que aprieto, no se si ese taxi guasón es producto de mi imaginación) salvo de que pensamos.
Y porque será ¿Por qué tengo que ser el único que escucha el forcejeo del sol, su pugna por rasgar la negra capa de la noche?
Y acabar con esa luz naranja
Falsa, vomitiva
Que no muestra ni la melancolía de las estrellas, ni la arrogancia de la Luna, ni magnificencia del sol
Es solo eso, una puta farola, un trozo de frio metal donde los canes mean.
Un instrumento del ayuntamiento para salvaguardar a sus votantes cuando vuelven a casa una vez de noche.
Yo sé que no he creado esa farola, yo no crearía esa luz
Ahora un Opel, sustituye al taxi como burlador
Impertinente capricho de mi mente
El insomnio
Abotagada cabeza, en la que no cabe ya un alfiler
Y quiere explotar
Y a pesar del desconcierto, me encanta, disfruto cuestionándome la realidad, mi vida, la razón, la soledad, el amor y la muerte
Bendita Zaragoza, que callas, ¿Duermes?
Puede que no
No me importa que observes, pero bríndame esto, posibilidad de observar la noche, tan mal iluminada.
Por una luz, peor que cualquier oscuridad
Vibrante negro, connota muerte y destrucción, soledad y agonía, miedo y desesperanza
Pero qué coño si tus ojos fuesen negros, me gustarían igual
Porque la luz que irradian hace desmerecer todo lo imaginado
Oscuridad, silencio, fría brisa que baila entre los chopos
No se intuyen almas, ni coches, ni luces
El gentío ha desaparecido, ahora somos yo y mi mundo
Únicos habitantes de una ciudad fantasma
De la que te planteas ¿Eres tu el señor?
Desvaríos
Fantasiosas divagaciones dignas de un loco
Neuras y encrucijadas
Y mientras, persiste el vacio en las calles
Salpicadas de una luz naranja
Que deslustra, pues brilla tenuemente bajo una Luna
¿Estoy solo?
Ahora si
Desguarnecido, en un mundo que yo podría haber inventado
Si me creo capaz de idear, de soñar con mundos y realidades prodigiosas ¿Quien me asegura que esto que veo:
Esta deshabitada calle
Por la que acaba de cruzar un taxi, como burlándose de mi paranoia
No es como el resto del mundo un producto de mi mente?
Entandamos pues a Descartes cuando dijo que de nada podemos estar seguros, (no se si existen las teclas que aprieto, no se si ese taxi guasón es producto de mi imaginación) salvo de que pensamos.
Y porque será ¿Por qué tengo que ser el único que escucha el forcejeo del sol, su pugna por rasgar la negra capa de la noche?
Y acabar con esa luz naranja
Falsa, vomitiva
Que no muestra ni la melancolía de las estrellas, ni la arrogancia de la Luna, ni magnificencia del sol
Es solo eso, una puta farola, un trozo de frio metal donde los canes mean.
Un instrumento del ayuntamiento para salvaguardar a sus votantes cuando vuelven a casa una vez de noche.
Yo sé que no he creado esa farola, yo no crearía esa luz
Ahora un Opel, sustituye al taxi como burlador
Impertinente capricho de mi mente
El insomnio
Abotagada cabeza, en la que no cabe ya un alfiler
Y quiere explotar
Y a pesar del desconcierto, me encanta, disfruto cuestionándome la realidad, mi vida, la razón, la soledad, el amor y la muerte
Bendita Zaragoza, que callas, ¿Duermes?
Puede que no
No me importa que observes, pero bríndame esto, posibilidad de observar la noche, tan mal iluminada.
Por una luz, peor que cualquier oscuridad
Vibrante negro, connota muerte y destrucción, soledad y agonía, miedo y desesperanza
Pero qué coño si tus ojos fuesen negros, me gustarían igual
Porque la luz que irradian hace desmerecer todo lo imaginado