Tanya
Poeta recién llegado
Se gastaron mis primaveras, muerieron cada uno de los poros de mi marchito corazón,
se despedazaron los recovecos del alma, murió la vida y los rosales de tu jardín.
Daría cada uno de los días de vida que me quedan a tu soledad, daría cada suspiro y respiro a tu boca,
daría todo lo que mis manos puedieran alcanzar, daría cada noche a tu pensamiento.
Pero suprimo, reprimo y por último olvido, lo que no fue, lo que sería o lo que podría llegar a ser.
Entre las cenizas me sucumbo y me baño en el mar lúgubre de la realidad seca, áspera, tirante...
De mis sentimientos desdichados, tirados al vacío de un agujero sin fin, de una vida sorda, ciega e insensible.
Insensible sin sentimientos en mí, en ti, en el aire, en mi recorrer , en mi respirar, en mi vivir o en mi sinvivir.
Ciega por no verme, por no dejarme ver, por no querer verte y no hacerlo nunca más, ciega de los ojos llorosos, de las cuencas vacías, roídas, consumidas por tus lágrimas por mis lágrimas por la oscuridad de mis días.
Sorda por no escucharme, o por escucharme y dejarme caer, caer una vez más, otra vez más, no por última vez, sorda por ahogar mi llanto, por callar mi canto, por no dedicarme una melodía de amor, una velada romantica.
se despedazaron los recovecos del alma, murió la vida y los rosales de tu jardín.
Daría cada uno de los días de vida que me quedan a tu soledad, daría cada suspiro y respiro a tu boca,
daría todo lo que mis manos puedieran alcanzar, daría cada noche a tu pensamiento.
Pero suprimo, reprimo y por último olvido, lo que no fue, lo que sería o lo que podría llegar a ser.
Entre las cenizas me sucumbo y me baño en el mar lúgubre de la realidad seca, áspera, tirante...
De mis sentimientos desdichados, tirados al vacío de un agujero sin fin, de una vida sorda, ciega e insensible.
Insensible sin sentimientos en mí, en ti, en el aire, en mi recorrer , en mi respirar, en mi vivir o en mi sinvivir.
Ciega por no verme, por no dejarme ver, por no querer verte y no hacerlo nunca más, ciega de los ojos llorosos, de las cuencas vacías, roídas, consumidas por tus lágrimas por mis lágrimas por la oscuridad de mis días.
Sorda por no escucharme, o por escucharme y dejarme caer, caer una vez más, otra vez más, no por última vez, sorda por ahogar mi llanto, por callar mi canto, por no dedicarme una melodía de amor, una velada romantica.