[center:39ab4fbab1]Piel al sol dorada
Cincuenta quilos de Cuba
Melena negra jamás cortada.
Cuello ornado en oro
Pechos que dieron de mamar
No a ningún hombre
Pues son sólo para la mar.
Diez remos en cada brazo
Prodigio sin igual
Cuerpo tallado en cobre
Espíritu de hierro y metal.
Ojos que miran con el calor del fuego
Negra perla del caribe
Con la fuerza de dos cañones
Perfecta curva escribe.
Señora de los siete mares
Sin ningún amigo que recordar
Tan sólo negro cuervo al hombro
Que esta historia ha de contar.
Su espalda carga firme
De muertos gran variedad
Segó su sable toda vida
Que tramase robar su libertad.
A sus órdenes cincuenta marineros
Escoria bajo sus botas
Presas del dolor y el miedo
Media centuria de almas rotas.
Se decía de ella inmortal
Ruge desde largo su corazón
Dicen que burlaba el Hades
Que del infierno hizo bastión.
Más aquí el motivo de mi relato
Llora la Reina de las aguas
Oigo el plañido al unísono
De Vulcano desde sus fraguas.
En sus manos sostiene un cadáver
Su pena no ha de hallar fin
El único hombre al cual ha amado
Un joven poeta bergantín.
Asesinado por piratas
Con cuatro golpes asestados
Su sangre derramada
Jóvenes ojos arrancados.
Se escribe el final de una monarquía
La soberana del mar bravío
Perece no por espada
Sino por presa del hastío.
La que callaba a los vientos con sólo bramar
Ahora es pasto de las aguas
Por la desdicha de amar.
Su tumba fue el piélago que un día dominó
Mas su espíritu vive en este lugar
Si preguntan por la Reina de los siete mares
Cabello de Ébano la has de llamar.
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Cincuenta quilos de Cuba
Melena negra jamás cortada.
Cuello ornado en oro
Pechos que dieron de mamar
No a ningún hombre
Pues son sólo para la mar.
Diez remos en cada brazo
Prodigio sin igual
Cuerpo tallado en cobre
Espíritu de hierro y metal.
Ojos que miran con el calor del fuego
Negra perla del caribe
Con la fuerza de dos cañones
Perfecta curva escribe.
Señora de los siete mares
Sin ningún amigo que recordar
Tan sólo negro cuervo al hombro
Que esta historia ha de contar.
Su espalda carga firme
De muertos gran variedad
Segó su sable toda vida
Que tramase robar su libertad.
A sus órdenes cincuenta marineros
Escoria bajo sus botas
Presas del dolor y el miedo
Media centuria de almas rotas.
Se decía de ella inmortal
Ruge desde largo su corazón
Dicen que burlaba el Hades
Que del infierno hizo bastión.
Más aquí el motivo de mi relato
Llora la Reina de las aguas
Oigo el plañido al unísono
De Vulcano desde sus fraguas.
En sus manos sostiene un cadáver
Su pena no ha de hallar fin
El único hombre al cual ha amado
Un joven poeta bergantín.
Asesinado por piratas
Con cuatro golpes asestados
Su sangre derramada
Jóvenes ojos arrancados.
Se escribe el final de una monarquía
La soberana del mar bravío
Perece no por espada
Sino por presa del hastío.
La que callaba a los vientos con sólo bramar
Ahora es pasto de las aguas
Por la desdicha de amar.
Su tumba fue el piélago que un día dominó
Mas su espíritu vive en este lugar
Si preguntan por la Reina de los siete mares
Cabello de Ébano la has de llamar.
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