Un hogar que se rompe en sábanas.
El llanto en la discoteca o el fulgor
de los trenes. Una voz en el plenilunio,
otra en la curtida raíz de un mapa.
La felicidad es cosa siniestra, sin
armazón, sin orgullo ni latido.
Vi plazas cuyo nombre desconozco
escritas en la piel del nómada.
Y palabras como golondrinas que
aletean un signo en el microscopio
del azul. Jamás lloré a pesar del olvido
que deshoja mi muerte. Porque cada día
es un milagro y cada noche un oscuro
murciélago nos regala su luz. Aquí continúo,
aquí persigo lo que ya no soy. La sombra
de mi sombra. El ayer de mi ayer.
El llanto en la discoteca o el fulgor
de los trenes. Una voz en el plenilunio,
otra en la curtida raíz de un mapa.
La felicidad es cosa siniestra, sin
armazón, sin orgullo ni latido.
Vi plazas cuyo nombre desconozco
escritas en la piel del nómada.
Y palabras como golondrinas que
aletean un signo en el microscopio
del azul. Jamás lloré a pesar del olvido
que deshoja mi muerte. Porque cada día
es un milagro y cada noche un oscuro
murciélago nos regala su luz. Aquí continúo,
aquí persigo lo que ya no soy. La sombra
de mi sombra. El ayer de mi ayer.