Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Para Brian Jones
(mi canto rodado favorito)
La noche trae consigo olas de espanto
y un nombre que no quiero recordar,
unos ojos no esperados
ocultos tras el llanto navegable de los faros,
un beso en los labios del abandono,
como íntima resaca,
un efímero encuentro carnal
entre el crepúsculo de la traición
y la larga mano del destino.
Después solo queda el silencio
del mundo entre las horas,
cuando el tiempo regresa de exhumar estrellas
y la noche sube al tren
en la primera curva del amanecer.
Yo soy el hombre que vive al doblar la esquina,
que viene del otro lado del recuerdo,
caminando bajo la lluvia que presagia
la tempestad de los naufragios,
con la agonía que engendra
su nicho entre las piedras, dando forma,
en su errante deambular, a un cadáver exquisito
que se inventa a la medida exacta de su necesidad.
(mi canto rodado favorito)
La noche trae consigo olas de espanto
y un nombre que no quiero recordar,
unos ojos no esperados
ocultos tras el llanto navegable de los faros,
un beso en los labios del abandono,
como íntima resaca,
un efímero encuentro carnal
entre el crepúsculo de la traición
y la larga mano del destino.
Después solo queda el silencio
del mundo entre las horas,
cuando el tiempo regresa de exhumar estrellas
y la noche sube al tren
en la primera curva del amanecer.
Yo soy el hombre que vive al doblar la esquina,
que viene del otro lado del recuerdo,
caminando bajo la lluvia que presagia
la tempestad de los naufragios,
con la agonía que engendra
su nicho entre las piedras, dando forma,
en su errante deambular, a un cadáver exquisito
que se inventa a la medida exacta de su necesidad.