Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Café con leche somos, día a día,
tú, el oscuro fuego, yo, la calma,
dos fuerzas que al tocarse en melodía
se mezclan y desbordan en el alma.
Tu aroma, vida intensa que se aferra,
me envuelve en madrugadas de tormenta,
y yo, espuma que nunca desespera,
te abrazo hasta calmar lo que te enfrenta.
Eres la noche amarga que despierta,
yo soy el dulce canto del albor,
juntos hallamos puerta tras la puerta,
café con leche, mezcla del amor.
Si te alejas, la vida se hace amarga,
un sorbo huérfano, seco, sin sabor.
Mas juntos somos llama que no larga,
cálida esencia que cura el dolor.
Café con leche, tú, yo, el instante,
dos mundos que se cruzan y persisten.
En cada taza, un fuego palpitante,
en cada sorbo, un "siempre" que resisten.
tú, el oscuro fuego, yo, la calma,
dos fuerzas que al tocarse en melodía
se mezclan y desbordan en el alma.
Tu aroma, vida intensa que se aferra,
me envuelve en madrugadas de tormenta,
y yo, espuma que nunca desespera,
te abrazo hasta calmar lo que te enfrenta.
Eres la noche amarga que despierta,
yo soy el dulce canto del albor,
juntos hallamos puerta tras la puerta,
café con leche, mezcla del amor.
Si te alejas, la vida se hace amarga,
un sorbo huérfano, seco, sin sabor.
Mas juntos somos llama que no larga,
cálida esencia que cura el dolor.
Café con leche, tú, yo, el instante,
dos mundos que se cruzan y persisten.
En cada taza, un fuego palpitante,
en cada sorbo, un "siempre" que resisten.