Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Y sería así,
la historia recordada,
ente las miles de almas,
que ansían el descanso eterno,
aquéllas que alcanzaron sólo... mi mano,
con los susurros del viento,
con la nostalgia del silencio
que no alcanza para pagar el precio,
de lo consabido, de lo robado,
ante el trono serpentino,
que hoy aguarda mi mandato,
con serenas torpezas,
que cantan sin cesar,
las proezas del crucificado,
sin pensar que todo fue una parodia,
como los vanos hechizos utilizados,
en los carnavales de la sangre...
Rumiando siempre con el odio,
sin conocer demasiado la faceta,
que desgarre la inocencia,
ésa que fue vertida en un bautizo,
con fuego y hielo,
con olvido y viento,
que no se confunda,
la marcha nupcial con boda,
porque ambos sabemos,
que la verdad es imposible,
cuando apenas puedes,
encaminar las ideas sin caerte,
con mayúsculas runas,
que describan el círculo perpetuo,
que arrancará los ojos de tu cara,
para devorarte rápido y sin tormento...
La llama inviste al idiota,
el bufón de la corte,
que celebra con campanas,
la pérdida de su cabeza,
aún sin saber si algún día la usó,
con tremendas ironías,
que se escapan de mis labios,
no podré deciros mi pensar,
no podré deciros mi corazón,
que pétreo ha caído,
en el hechizo del por siempre,
sin saber que nunca amó...
Destroza la vela del buque,
el maelström aguarda,
con el apetito consumado,
en la espera del orgulloso,
que al final fue taimado y estúpido,
avergonzado por su propia raza,
benignos designios os regalo,
si es que podéis encontrar la cura,
entre los colmillos marcados,
debajo de su engaño... entre tus piernas,
porque sólo así vivirás... para contarlo...
Con absurdas peripecias,
caminas directo al abismo,
el cual también te mira a ti...
ésa es la belleza de la muerte,
ésa es la belleza de la causa...
Mirando por ojos rojizos,
de cansancio y hastío,
porque nada es lo que esperaba,
y si demasiadas ridiculeces,
que día a día se suman,
a la inconciencia común...
Piérdase ahora entre niebla,
la insignia dorada,
que señalaba el paso,
para Rivendel o el Valhalla,
que la huella en la nieva,
sólo confundirá más al necio,
mueran las sonatas,
con el sol en el monte,
con el firmamento ennegrecido,
por las constantes bravatas,
el valiente cobarde... ¿Entiende?
Que el lobo devorará tus pesares,
a cambio de algo simple,
como la carne de tus huesos,
ofrécele algo más si es que lo tienes,
¿la verdad?, lo dudo...
Ahora... sólo calla... sólo calla...
L.V.
la historia recordada,
ente las miles de almas,
que ansían el descanso eterno,
aquéllas que alcanzaron sólo... mi mano,
con los susurros del viento,
con la nostalgia del silencio
que no alcanza para pagar el precio,
de lo consabido, de lo robado,
ante el trono serpentino,
que hoy aguarda mi mandato,
con serenas torpezas,
que cantan sin cesar,
las proezas del crucificado,
sin pensar que todo fue una parodia,
como los vanos hechizos utilizados,
en los carnavales de la sangre...
Rumiando siempre con el odio,
sin conocer demasiado la faceta,
que desgarre la inocencia,
ésa que fue vertida en un bautizo,
con fuego y hielo,
con olvido y viento,
que no se confunda,
la marcha nupcial con boda,
porque ambos sabemos,
que la verdad es imposible,
cuando apenas puedes,
encaminar las ideas sin caerte,
con mayúsculas runas,
que describan el círculo perpetuo,
que arrancará los ojos de tu cara,
para devorarte rápido y sin tormento...
La llama inviste al idiota,
el bufón de la corte,
que celebra con campanas,
la pérdida de su cabeza,
aún sin saber si algún día la usó,
con tremendas ironías,
que se escapan de mis labios,
no podré deciros mi pensar,
no podré deciros mi corazón,
que pétreo ha caído,
en el hechizo del por siempre,
sin saber que nunca amó...
Destroza la vela del buque,
el maelström aguarda,
con el apetito consumado,
en la espera del orgulloso,
que al final fue taimado y estúpido,
avergonzado por su propia raza,
benignos designios os regalo,
si es que podéis encontrar la cura,
entre los colmillos marcados,
debajo de su engaño... entre tus piernas,
porque sólo así vivirás... para contarlo...
Con absurdas peripecias,
caminas directo al abismo,
el cual también te mira a ti...
ésa es la belleza de la muerte,
ésa es la belleza de la causa...
Mirando por ojos rojizos,
de cansancio y hastío,
porque nada es lo que esperaba,
y si demasiadas ridiculeces,
que día a día se suman,
a la inconciencia común...
Piérdase ahora entre niebla,
la insignia dorada,
que señalaba el paso,
para Rivendel o el Valhalla,
que la huella en la nieva,
sólo confundirá más al necio,
mueran las sonatas,
con el sol en el monte,
con el firmamento ennegrecido,
por las constantes bravatas,
el valiente cobarde... ¿Entiende?
Que el lobo devorará tus pesares,
a cambio de algo simple,
como la carne de tus huesos,
ofrécele algo más si es que lo tienes,
¿la verdad?, lo dudo...
Ahora... sólo calla... sólo calla...
L.V.
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