Una candela en la calle
atrapada dentro de un latón viejo
calentaba a unos hombres
que miraban con gusto
a “las chicas”,
que de azul eléctrico
tapaban apenas
sus cuerpos morenos.
Sus caras
más tapadas que su cuerpo
de una pintura densa
que agrandaba sus facciones.
Daban saltitos y reían,
más que por alegría
por desesperanza y frío.
Yo paseaba mi calle
muchas veces al día
y excepto los clientes
todos me conocían,
me gritaban y yo gritaba
y a grandes voces reía.
A ratitos me paraba
y hacía corro con “las chicas”.
Como siempre,
había pocos clientes
y los que había no se decidían.
La noche nos tapaba despacio
y el frío nos arrecía,
poco a poco, sin descaro
acercamos las manos a una candela,
algunos hombres nos rodearon
las palabras se enlazaron con el fuego
y charlamos mucho tiempo…
Las chicas hicieron parejas
con besos me despidieron,
y, despacio, dejé la calle,
en el puente me perdí,
siendo ya la de siempre
en una calle decente.
atrapada dentro de un latón viejo
calentaba a unos hombres
que miraban con gusto
a “las chicas”,
que de azul eléctrico
tapaban apenas
sus cuerpos morenos.
Sus caras
más tapadas que su cuerpo
de una pintura densa
que agrandaba sus facciones.
Daban saltitos y reían,
más que por alegría
por desesperanza y frío.
Yo paseaba mi calle
muchas veces al día
y excepto los clientes
todos me conocían,
me gritaban y yo gritaba
y a grandes voces reía.
A ratitos me paraba
y hacía corro con “las chicas”.
Como siempre,
había pocos clientes
y los que había no se decidían.
La noche nos tapaba despacio
y el frío nos arrecía,
poco a poco, sin descaro
acercamos las manos a una candela,
algunos hombres nos rodearon
las palabras se enlazaron con el fuego
y charlamos mucho tiempo…
Las chicas hicieron parejas
con besos me despidieron,
y, despacio, dejé la calle,
en el puente me perdí,
siendo ya la de siempre
en una calle decente.