Armando Gómez
Poeta recién llegado
Callejones de niños huérfanos de Dios,
entonan trompetas de egos inexistentes
Bailan lúdicamente como bufones del destino, riéndose del mundo como si fuera malo
Tranquilos esperando a la muerte que pasa tan atractiva y seductora, junto al billete fácil y la hermosa piedad de la terraza de humo denso y blancura espesa
Bandidos del rencor,
Entendidos del mal de ojo como tormenta del adulterio
Los niños de ceño fruncido
con un whisky en la mano y con valor de espontaneidad
Valoran lo que la violencia les devuelve, que es cinismo y clarividencia terrorífica
Emociones de rosarios quemados y de falsa redención
De madres que entre su rezo se llenan de amor para vaciar las lágrimas
Corren los asaltantes que se esconden en el estilo de una moda comprada
De una casa de energía sobrante
De unas Jordan tan falsas como mí seguridad
De un enemigo que aparece como dador y se vuelve con cara rígida riendo a cobrar con distorsiones
Mano de la corrupción de una esperanza vieja, con palma de cayos de siembra de yuca y papa
Reciben sermones de la academia del hambre, del sombrero y la cara enrojecida
De la humildad del helecho reposado, del honor del sudor entre apio, orégano y tomillo
Del limpiar un sanitario con templanza y lucidez
Del amar un camión de basura que recoge todos los momentos encapsulados de miles de familias, los más reales
Cómo la comida y la segregación
Escucharan esos niños al dilema que hoy me nace
Una consulta con mí oráculo desteñido
Dónde realizo mí camino estrecho
Y reposo en mí perdonar infinito
Cómo un prado vivido donde se juega y sonríe, donde se abraza y recibe al nuevo
Donde se mira al cielo y se renace con el asombro siempre mal adulcorado…
entonan trompetas de egos inexistentes
Bailan lúdicamente como bufones del destino, riéndose del mundo como si fuera malo
Tranquilos esperando a la muerte que pasa tan atractiva y seductora, junto al billete fácil y la hermosa piedad de la terraza de humo denso y blancura espesa
Bandidos del rencor,
Entendidos del mal de ojo como tormenta del adulterio
Los niños de ceño fruncido
con un whisky en la mano y con valor de espontaneidad
Valoran lo que la violencia les devuelve, que es cinismo y clarividencia terrorífica
Emociones de rosarios quemados y de falsa redención
De madres que entre su rezo se llenan de amor para vaciar las lágrimas
Corren los asaltantes que se esconden en el estilo de una moda comprada
De una casa de energía sobrante
De unas Jordan tan falsas como mí seguridad
De un enemigo que aparece como dador y se vuelve con cara rígida riendo a cobrar con distorsiones
Mano de la corrupción de una esperanza vieja, con palma de cayos de siembra de yuca y papa
Reciben sermones de la academia del hambre, del sombrero y la cara enrojecida
De la humildad del helecho reposado, del honor del sudor entre apio, orégano y tomillo
Del limpiar un sanitario con templanza y lucidez
Del amar un camión de basura que recoge todos los momentos encapsulados de miles de familias, los más reales
Cómo la comida y la segregación
Escucharan esos niños al dilema que hoy me nace
Una consulta con mí oráculo desteñido
Dónde realizo mí camino estrecho
Y reposo en mí perdonar infinito
Cómo un prado vivido donde se juega y sonríe, donde se abraza y recibe al nuevo
Donde se mira al cielo y se renace con el asombro siempre mal adulcorado…