Armando Gómez
Poeta recién llegado
En la raíz de un faro lúgubre, ahí se apoya el aprendiz del viento
Deseando que pase la niebla, y se deforme la inmensidad en la imagen del maestro
Y con cada ráfaga imparable escuchar al silencio cantar, su tesis en los documentos del instante
Y así habituar la trascendencia de su golpe, tan fuerte, como el abrazo del que se fue y regresó
Rigor invisible que se desvive para sólo ser guía, y perder la autoridad que incita rebelión
Impacto indeseado del sujeto de alma rota, y su maldición inconsciente de interpretar
Como el artesano que del barro hace instrumentos para adornar, pero vacía su casa
Así es el pestañeo inocente del que atención regala, y presta su culpable entendimiento
Flexible para la perspectiva, rígido para al hábito, así es el mandamiento primero y único del aura viajera
Invisible y fresca, brisa primaveral, que transporta a todas las estaciones del tren del insomnio
Explorar en el infinito para las formas, y ser redundante y necio para el fondo
Solo así se reposa en la superficie del conocimiento y se naufraga en la isla del arte
A la deriva navegan olvidos, paisaje valdío que recuerda la belleza de la sencillez
Búsqueda anhelada del que sabe apreciar y detesta su complejidad insípida
Y clama la calidez y ligereza de la briza que sin hablar deja impresa su marca
Rasguños del reloj siente el discípulo, y se cura con su cicatriz para volver a sentir la herida
Por eso se ahoga en cada verso propio, para eliminar gritos que enmudecen los del prójimo
En un ritual de mismos conceptos, que se matan entre sí, para pelear contra el dragón adoctrinado
Caos de palabras, orden de suplicios, en un manual rubricó que gracias al tiempo nadie lee
Y deja al texto empírico trabajar en la construcción de un faro, que alguna vez iluminé una noche de ron y desprestigio...
Deseando que pase la niebla, y se deforme la inmensidad en la imagen del maestro
Y con cada ráfaga imparable escuchar al silencio cantar, su tesis en los documentos del instante
Y así habituar la trascendencia de su golpe, tan fuerte, como el abrazo del que se fue y regresó
Rigor invisible que se desvive para sólo ser guía, y perder la autoridad que incita rebelión
Impacto indeseado del sujeto de alma rota, y su maldición inconsciente de interpretar
Como el artesano que del barro hace instrumentos para adornar, pero vacía su casa
Así es el pestañeo inocente del que atención regala, y presta su culpable entendimiento
Flexible para la perspectiva, rígido para al hábito, así es el mandamiento primero y único del aura viajera
Invisible y fresca, brisa primaveral, que transporta a todas las estaciones del tren del insomnio
Explorar en el infinito para las formas, y ser redundante y necio para el fondo
Solo así se reposa en la superficie del conocimiento y se naufraga en la isla del arte
A la deriva navegan olvidos, paisaje valdío que recuerda la belleza de la sencillez
Búsqueda anhelada del que sabe apreciar y detesta su complejidad insípida
Y clama la calidez y ligereza de la briza que sin hablar deja impresa su marca
Rasguños del reloj siente el discípulo, y se cura con su cicatriz para volver a sentir la herida
Por eso se ahoga en cada verso propio, para eliminar gritos que enmudecen los del prójimo
En un ritual de mismos conceptos, que se matan entre sí, para pelear contra el dragón adoctrinado
Caos de palabras, orden de suplicios, en un manual rubricó que gracias al tiempo nadie lee
Y deja al texto empírico trabajar en la construcción de un faro, que alguna vez iluminé una noche de ron y desprestigio...