Said_Nayib
Poeta recién llegado
No hace tanto tiempo anduve por las afueras de un país cercano, tan cercano que no tomé un autobús ni un avión para llegar a su tierra, deambulé como caminante que toma su mochila sin rumbo conocido; era un caminante sin camino, sabía dónde iba pero no sabía dónde llegaba. Caminaba y caminaba mientras el polvo yacía detrás de mí, mi sombra el único testigo de mis noches y mis días, caminaba y sonreía, saluda a quien lo hacía.
En uno de esos pueblos áridos y cálidos escuchaba el sonar de una guitarra, una guitarra muy bien afinaba, una guitarra que mencionaba notas cada vez más allegadas a mi andar, era como si me llamara, me llamara por mi nombre, en un tono fuerte pero tan delicado que hacia el reflejo de aquella mano de quien allí sentado la tocaba; me acerco cuan sigiloso leopardo a su presa, tan suave como la arena, tan fría como la nieve, tan dulce como la caña y tan hermosa como la vida; allí estabas tú, tú con esa piel cuidada y divina, un cabello que brillaba a la sombra de un sol gradiente y humeante, tu mirada allí postrada sobre tu guitarra no salía; me acerco y de un zarpazo llego a tu frente; la nota ahora es callada, la guitarra ya no emite riff alguno, solo tu mirada y la mía como única corchea que tocará el viento en su delgada algarabía. El cristal de tus ojos llena mi conciencia de paz y armonía, me preguntas quién soy? te respondo, soy aquel caminante sin camino, soy aquel que viene sin rumbo fijo, un nómada sin brújula ni mapa que lleve a ningún lugar; solo busco a quien encontrar para tomarle de la mano y así mi compañía será.
Agachas la mirada y apuntas nuevamente a la curva de tu guitarra, afinas un tanto la cuerda menor y yo allí como fiel espectador demoro el tiempo para así sentirte mejor; tomas mi mano y entre un beso y una rosa colgada en tu cabello sonríes y caminas con el caminante sin camino.
En uno de esos pueblos áridos y cálidos escuchaba el sonar de una guitarra, una guitarra muy bien afinaba, una guitarra que mencionaba notas cada vez más allegadas a mi andar, era como si me llamara, me llamara por mi nombre, en un tono fuerte pero tan delicado que hacia el reflejo de aquella mano de quien allí sentado la tocaba; me acerco cuan sigiloso leopardo a su presa, tan suave como la arena, tan fría como la nieve, tan dulce como la caña y tan hermosa como la vida; allí estabas tú, tú con esa piel cuidada y divina, un cabello que brillaba a la sombra de un sol gradiente y humeante, tu mirada allí postrada sobre tu guitarra no salía; me acerco y de un zarpazo llego a tu frente; la nota ahora es callada, la guitarra ya no emite riff alguno, solo tu mirada y la mía como única corchea que tocará el viento en su delgada algarabía. El cristal de tus ojos llena mi conciencia de paz y armonía, me preguntas quién soy? te respondo, soy aquel caminante sin camino, soy aquel que viene sin rumbo fijo, un nómada sin brújula ni mapa que lleve a ningún lugar; solo busco a quien encontrar para tomarle de la mano y así mi compañía será.
Agachas la mirada y apuntas nuevamente a la curva de tu guitarra, afinas un tanto la cuerda menor y yo allí como fiel espectador demoro el tiempo para así sentirte mejor; tomas mi mano y entre un beso y una rosa colgada en tu cabello sonríes y caminas con el caminante sin camino.
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