BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Renuentes paquetes ensombrecidos
regresan a mis manos, etiquetadas por
vértigos y costumbres desaforadas, perpetuas.
Son signos ocluidos, mentalidades obsoletas,
fraguas y dicterios de la enésima potencia
con impresión subjetiva de mayos redentores.
La muerte no es más que un signo, una interjección
camino de la duda, algo pasajero que interviene
mostrando su faz oscura y traviesa.
Ávidamente, rectángulos omitidos, en una
memoria que estalla, retornan para observar
campos oscurecidos, mausoleos del que otorga:
mis manos, van camino de la sombra.
©
regresan a mis manos, etiquetadas por
vértigos y costumbres desaforadas, perpetuas.
Son signos ocluidos, mentalidades obsoletas,
fraguas y dicterios de la enésima potencia
con impresión subjetiva de mayos redentores.
La muerte no es más que un signo, una interjección
camino de la duda, algo pasajero que interviene
mostrando su faz oscura y traviesa.
Ávidamente, rectángulos omitidos, en una
memoria que estalla, retornan para observar
campos oscurecidos, mausoleos del que otorga:
mis manos, van camino de la sombra.
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