Canción de un amor desesperado

esteban7094

Poeta recién llegado
Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esos días ahogados en lágrimas acerbas.
¡Aguas del amor que se encrespan en el corazón adolorido!
¡Ay, cómo se deshace el mundo en aquella hora atroz!

Porque estar enamorado es estar cerca de la muerte…
¡Pobre romántico! Siempre moribundo, afantasmándose a cada paso del vivir,
Con su mirada perdida en un cielo gríseo y tempestuoso,
Con su alma extraviada en una selva de recuerdos… de cenizas…

¡Tristezas, tristezas, ocaso, sollozos!
Campo de mustio lavanda, colina de campánulas y sombras errantes…
¡He ahí el corazón del hombre! ¡He ahí el templo sagrado de la aflicción!
¿Qué héroe podría sosegar aquella tiranía divina?

¡Ay! Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esas campanadas atronadoras que ensordecen el ser.
¡Qué cáliz más amargo y terrible! Oh vino, oh néctar, oh rocío
Que brota del pecho virginal, oh veneno que espantas las gracias y las palomas albas.

Y aún cree uno besar aquellos labios, aquel rubí, aquel carmín;
Y delirar sobre aquel vientre, en aquel huerto, en aquel ensueño de fuego y perfumes.
¡Muerte, tiniebla! Sierpe que se arrastra por la gelidez oculta
Del rosal, del Edén, del jardín de oros y placeres.

¡Oh amadas que giran en un vórtice de gloria y dolor!
Y en sus ojos torvos de espectro guardan con recelo una parte de mí.
¡Estoy fragmentado, roto, incompleto! ¿Zafiro o carbón?...
Soy presa de vil delirio, del delirio de su amor, que se alza como la negrura ineluctable.

¡Déspotas, bellas, crueles, nobles! Oh amadas… oh amadas.
Se le escurre la vida al hombre por entre sus dedos
Y la penumbra y el sueño hondo esperan sumidos en sopor.
Alegrías, auroras, nardos y narcisos, besos exquisitos y caricias fragantes;

Todo se desvanece ante el ojo umbrío, ante el alma triste.
¡Esos truenos! ¡Esas campanadas estentóreas! ¡Ay, desgarrar del alma, de la vida misma!
Mares del amor que inundan el corazón. Luz y sombra que
Danzan sobre un terciopelo incierto, sobre un vientre o un Edén.

Melancolías ornadas con nefastos crepúsculos… melancolías.
Y esos días y esos momentos y esos instantes que son
Como noches perpetuas con columnas de humo y ecos distantes:
Fantasmas, horrores, silencios… y la muerte… y el amor.








l. e. torres
 
Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esos días ahogados en lágrimas acerbas.
¡Aguas del amor que se encrespan en el corazón adolorido!
¡Ay, cómo se deshace el mundo en aquella hora atroz!

Porque estar enamorado es estar cerca de la muerte…
¡Pobre romántico! Siempre moribundo, afantasmándose a cada paso del vivir,
Con su mirada perdida en un cielo gríseo y tempestuoso,
Con su alma extraviada en una selva de recuerdos… de cenizas…

¡Tristezas, tristezas, ocaso, sollozos!
Campo de mustio lavanda, colina de campánulas y sombras errantes…
¡He ahí el corazón del hombre! ¡He ahí el templo sagrado de la aflicción!
¿Qué héroe podría sosegar aquella tiranía divina?

¡Ay! Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esas campanadas atronadoras que ensordecen el ser.
¡Qué cáliz más amargo y terrible! Oh vino, oh néctar, oh rocío
Que brota del pecho virginal, oh veneno que espantas las gracias y las palomas albas.

Y aún cree uno besar aquellos labios, aquel rubí, aquel carmín;
Y delirar sobre aquel vientre, en aquel huerto, en aquel ensueño de fuego y perfumes.
¡Muerte, tiniebla! Sierpe que se arrastra por la gelidez oculta
Del rosal, del Edén, del jardín de oros y placeres.

¡Oh amadas que giran en un vórtice de gloria y dolor!
Y en sus ojos torvos de espectro guardan con recelo una parte de mí.
¡Estoy fragmentado, roto, incompleto! ¿Zafiro o carbón?...
Soy presa de vil delirio, del delirio de su amor, que se alza como la negrura ineluctable.

¡Déspotas, bellas, crueles, nobles! Oh amadas… oh amadas.
Se le escurre la vida al hombre por entre sus dedos
Y la penumbra y el sueño hondo esperan sumidos en sopor.
Alegrías, auroras, nardos y narcisos, besos exquisitos y caricias fragantes;

Todo se desvanece ante el ojo umbrío, ante el alma triste.
¡Esos truenos! ¡Esas campanadas estentóreas! ¡Ay, desgarrar del alma, de la vida misma!
Mares del amor que inundan el corazón. Luz y sombra que
Danzan sobre un terciopelo incierto, sobre un vientre o un Edén.

Melancolías ornadas con nefastos crepúsculos… melancolías.
Y esos días y esos momentos y esos instantes que son
Como noches perpetuas con columnas de humo y ecos distantes:
Fantasmas, horrores, silencios… y la muerte… y el amor.








l. e. torres

Desesperantes e intensos tus versos. Llenos de nostalgia que hablan una gran verdad. Enamorarse es estar cerca de la muerte. Un gusto pasar por aqui y dejar mi huellita. Un saludo :)
 
que inspiración tan atrayente,
melancólica melodía de tus ojos...
Bello poema mi querido amigo...
como la canción de un amor desesperado..
Besos muchos para usted...
y bienvenido...
:bienvenido:

:::conejo:::
 
Un triste paisaje nos muestras en un excelente poema que brilla por las estupendas alegorías e imágenes, riqueza de expresiones con apropiadas palabras que dejan maravillado al lector...:::banana:::

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Híjole, atinas al clavo en varias cosas y en mi mente no deja de rondar eso de "estar enamorado es estar cerca de la muerte"...y creo que es cierto.... Versos intensos, amorosos delirantes y melancólicos... todo desde una oscuridad...

Saludos.
 
Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esos días ahogados en lágrimas acerbas.
¡Aguas del amor que se encrespan en el corazón adolorido!
¡Ay, cómo se deshace el mundo en aquella hora atroz!

Porque estar enamorado es estar cerca de la muerte…
¡Pobre romántico! Siempre moribundo, afantasmándose a cada paso del vivir,
Con su mirada perdida en un cielo gríseo y tempestuoso,
Con su alma extraviada en una selva de recuerdos… de cenizas…

¡Tristezas, tristezas, ocaso, sollozos!
Campo de mustio lavanda, colina de campánulas y sombras errantes…
¡He ahí el corazón del hombre! ¡He ahí el templo sagrado de la aflicción!
¿Qué héroe podría sosegar aquella tiranía divina?

¡Ay! Esos momentos negros, esos instantes tristes,
Esas campanadas atronadoras que ensordecen el ser.
¡Qué cáliz más amargo y terrible! Oh vino, oh néctar, oh rocío
Que brota del pecho virginal, oh veneno que espantas las gracias y las palomas albas.

Y aún cree uno besar aquellos labios, aquel rubí, aquel carmín;
Y delirar sobre aquel vientre, en aquel huerto, en aquel ensueño de fuego y perfumes.
¡Muerte, tiniebla! Sierpe que se arrastra por la gelidez oculta
Del rosal, del Edén, del jardín de oros y placeres.

¡Oh amadas que giran en un vórtice de gloria y dolor!
Y en sus ojos torvos de espectro guardan con recelo una parte de mí.
¡Estoy fragmentado, roto, incompleto! ¿Zafiro o carbón?...
Soy presa de vil delirio, del delirio de su amor, que se alza como la negrura ineluctable.

¡Déspotas, bellas, crueles, nobles! Oh amadas… oh amadas.
Se le escurre la vida al hombre por entre sus dedos
Y la penumbra y el sueño hondo esperan sumidos en sopor.
Alegrías, auroras, nardos y narcisos, besos exquisitos y caricias fragantes;

Todo se desvanece ante el ojo umbrío, ante el alma triste.
¡Esos truenos! ¡Esas campanadas estentóreas! ¡Ay, desgarrar del alma, de la vida misma!
Mares del amor que inundan el corazón. Luz y sombra que
Danzan sobre un terciopelo incierto, sobre un vientre o un Edén.

Melancolías ornadas con nefastos crepúsculos… melancolías.
Y esos días y esos momentos y esos instantes que son
Como noches perpetuas con columnas de humo y ecos distantes:
Fantasmas, horrores, silencios… y la muerte… y el amor.








l. e. torres
Nos dejas unos versos de intensidad suprema,
llenos de melancolía pero a la vez sencillos y delicados.
El amor perdido deja una huella que queremos
olvidar con delicadeza
felicidades. luzyabsenta
 

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