BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caníbal de mis horas,
a dónde llegaré, con esta
estrafalaria forma vital
que redunda y me agasaja,
que me ofrece en tierno holocausto,
hasta recibirme ahíto y exhausto,
dentro de un control exigente
impulsado por hoces y carriles
desguazados.
De piel desollada, buscan
mi cuerpo sobre la caliente arena,
hasta estallar en sus brazos
cadenas y símbolos renacidos.
Antropófago de áridas formas,
de patios de colegio retirados,
infancia destruida, adolescencia
malvivida, dónde, dónde llegaré.
Dónde consumiré los fétidos hechizos,
las marismas de mi sangre tumefacta,
los ensambles de mi cuerpo erosionado,
las cántigas de amor depauperado y el óxido
de las llamas interminables.
Hasta que la sangre mude
ciertamente serpiente de afluentes,
desecharé, sí, los cánticos loables,
las acequias despobladas, los barros
conceptuales; miraré el cielo
en su esplendor bestial.
©
a dónde llegaré, con esta
estrafalaria forma vital
que redunda y me agasaja,
que me ofrece en tierno holocausto,
hasta recibirme ahíto y exhausto,
dentro de un control exigente
impulsado por hoces y carriles
desguazados.
De piel desollada, buscan
mi cuerpo sobre la caliente arena,
hasta estallar en sus brazos
cadenas y símbolos renacidos.
Antropófago de áridas formas,
de patios de colegio retirados,
infancia destruida, adolescencia
malvivida, dónde, dónde llegaré.
Dónde consumiré los fétidos hechizos,
las marismas de mi sangre tumefacta,
los ensambles de mi cuerpo erosionado,
las cántigas de amor depauperado y el óxido
de las llamas interminables.
Hasta que la sangre mude
ciertamente serpiente de afluentes,
desecharé, sí, los cánticos loables,
las acequias despobladas, los barros
conceptuales; miraré el cielo
en su esplendor bestial.
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